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MEDEA

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ENTREVISTA: JEAN-LOUIS MARTINELLI Director del Teatro Nanterre-Amendiers

“Medea es una mujer en tránsito”

Tras pasar por los teatros de Lyon y de Estrasburgo, Jean-Louis Martinelli tomó hace siete años la dirección del Teatro de Nanterre-Amendiers, anclado en la avenida de Pablo Picasso de este antiguo barrio obrero de las afueras de París, pegado al distrito financiero de la ciudad. “Aquí me esfuerzo por dialogar en una relación norte-sur trabajando con autores de orígenes cosmopolitas, que son propios a la región parisina”, explica. “Un espacio y un lugar de teatro es de alguna forma el arte de conjugar lo cercano con lo lejano”.

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“El espacio aquí es casi un campo de retención como se puede ver en África”

Así lo hace con Medea, de Max Rouquette, que este fin de semana se muestra en el marco del Festival de Otoño de Madrid y que el director teatral imagina en un campo de refugiados africano. El espectáculo cuenta con una compañía de actores en su mayoría burkineses, liderada por Odile Sankara y Moussa Sanou. La escenografía es de Gilles Taschet y el vestuario de Patrick Dutertre, realizado en gran parte con técnicas tradicionales en Burkina Faso.

Pregunta. ¿Cómo surgió esta Medea africana?

Respuesta. El proyecto se remonta a hace tiempo. Me invitaron a ir a Bobo-Dioulasso, en Burkina Faso, para hacer una formación con jóvenes actores africanos. Fui con dos tipos de materiales para trabajar, unos textos sobre África y la Medea de Max Rouquette, que acababa de leer, recordando lo que habían dicho, entre otros, Pasolini, sobre el tratamiento hoy de la tragedia griega: que probablemente África era el único continente en el que se podía tener todavía acceso al sentido y al sentimiento de lo trágico. Y quería verificarlo con el texto de Medea.

P. ¿Y qué le ha convencido?

R. Hay varias cosas. En Europa occidental vivimos cada vez más bajo un cielo sin Dios. En África están animados por un verdadero sentimiento de religiosidad, cercano a la superstición. En el caso de Medea, está también la relación con la brujería, el poder oculto, y allí hay una creencia absoluta en aquello. Por otra parte, Medea se desarrolla con el telón de fondo de la guerra, del exilio de población, y África está atravesada por esos desplazamientos. La historia de Medea y Jasón es la de un exilio continuo. Y luego una razón, quizás más válida, es que tratar la cuestión del coro, esa asamblea colectiva, ahora mismo, en Europa, es casi imposible.

P. ¿A qué se refiere?

R. Estamos en sociedades totalmente individualizadas y el grupo no existe. Pero basta con ir a África para ver que la asamblea de las mujeres significa algo. Los hijos no están educados sólo por la madre y el padre, sino que se ocupa de ellos el conjunto de la comunidad. Entonces sí es posible representar el coro y hacer que a Medea le acompañe ese grupo de mujeres que cantan los salmos compuestos por el músico de origen congolés Ray Lema.

P. Justamente, Max Rouquette escribía en su prólogo que deseaba que un día un músico le diera forma a los salmos. ¿Es lo que ha hecho Ray Lema?

R. Sí, un poco. Lo que no imaginó Rouquette es que lo haría una compañía africana. Al principio se sorprendió, pero le gustó. Es decir, lo propio del teatro es ritualizar las relaciones humanas, transformar lo real en signos, y aquí muchos de estos signos vienen de la cultura africana. Pero más allá de esto, lo que me interesa no es hacer un espectáculo exótico sobre África. Es hablar sobre nuestra condición de occidentales, sobre las suertes que les reservamos a estas poblaciones en desplazamiento. El espacio aquí es casi un campo de retención, como se puede ver en el norte de África, en Melilla, por ejemplo. Medea es una mujer en tránsito, que vive en los confines de la gran ciudad.

P. ¿Por qué ha escogido el texto de Rouquette?

R. Es un poco una casualidad. Leí ese texto poco tiempo antes y tenía ganas de hacer algo con él. Y puede que me hablara bastante porque Rouquette le da algo más de humanidad. Es un mundo más rural, que conozco bien, porque nací ahí, en el sur de Francia. Me habla de esa infancia perdida, esos paisajes no alterados por la intervención del hombre. Pero podría haber sido perfectamente el texto de Eurípides.

P. ¿Y cuál fue su primera Medea?

R. La de Pier Paolo Pasolini, aunque sea del cine. No tengo grandes recuerdos del personaje de Medea en el teatro. Quizás luego, más tarde, la versión que hizo Deborah Warner. Pero la verdad es que no he visto muchas.

Medea

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Antonio Hill

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Antonio Hill: «Obama todavía no ha ofrecido nada»

Este politólogo, activista ambiental y negociador recorre desde hace cuatro años las cumbres sobre el clima por encargo de Oxfam-Intermón. Su última parada es Barcelona.

 

Antonio Hill. Foto: ALBERT BERTRAN

Antonio MADRIDEJOS

Hill nació en Madrid, hijo de estadounidense y española, pero su vida ha sido un trasiego continuo con parada final en Bogotá, donde actualmente reside. Es licenciado en Ciencias Políticas, especialidad estudios asiáticos, y trabaja desde hace 10 años para Oxfam International. Dentro de lo posible, intenta predicar con el ejemplo: «En mi casa no uso ni calefacción ni aire acondicionado, me ducho con agua fría y voy caminando al trabajo. Y el carro, lo menos posible».

–Tratándose de cambio climático, resulta chocante que se necesiten tantas cumbres, tantos delegados y tantos viajes para negociar.
–Con toda seguridad deberíamos cambiar algo, apoyarnos más en la tecnología, pero tenga en cuenta que estas reuniones pueden marcar la vida o muerte del planeta. Hay muchas opiniones. En Tejas se celebra cada año una cumbre en la que se debate sobre petróleo y métodos de extracción a la que asisten más de 70.000 personas. Aquí son 4.000.

–¿El cambio climático es una realidad tangible o solo una amenaza?
–Claro que es una realidad. Mucha gente ya sufre los cambios experimentados por el clima en los últimos años. La población afectada por desastres meteorológicos, incluyendo sequías e inundaciones, se ha duplicado en las última tres décadas y, si la tendencia se mantiene, se duplicará por dos otra vez en los próximos cinco años. Los afectados serán entonces unos 300 millones anuales.

–Póngame un ejemplo.
–En Perú, donde estuve recientemente, el 80% del agua de abastecimiento depende de los glaciares andinos. Pues bien: los glaciares han retrocedido de forma alarmante, con una media de 35 metros lineales cada año. El proceso empezó a finales de los 70 y se está acelerando. La gente empieza a tener dificultades para vivir del agua de los riachuelos que bajan de los nevados.

--¿El catastrofismo contribuye a que el mensaje cuaje?
–Si 150 millones de afectados anuales no le parecen un problema… No se exagera en absoluto.

–Me refiero a que el grado de incertidumbre para el futuro es elevado.
–Claro que hay incertidumbres, pero el patrón general de la tendencia es clarísimo. El IPCC, el grupo de expertos de la ONU en cambio climático, estima que los niveles de confianza son muy superiores al 90%. Vamos, que no hay dudas ni en la tendencia ni en sus responsables.

–Últimamente florecen los escépticos del calentamiento.
–Y nunca dejarán de existir. Si buceas por internet, por ejemplo, descubrirás que todavía existe una sociedad empeñada en demostrar que la Tierra es plana. Desde la cumbre de Nairobi de hace tres años, todas las delegaciones participantes en las conferencias sobre el clima han dejado de pelearse por eso. Ahora tratan sobre cómo atajar el problema.

–¿El calentamiento se ha frenando un poco en los últimos años?
Es cierto que las tendencias anuales no siempre siguen la misma dirección porque hay subidas y bajadas propias de la dinámica geofísica, pero lo importante es que el patrón de las últimas décadas es siempre el mismo. Los últimos años siguen siendo muy cálidos. Está clarísimo.

–Confiemos en el progreso de la tecnología: cuando lo peor del cambio climático llegue, ya tendremos medios para hacerle frente.
–Eso es una premisa errónea. Cuanto más tarde se actúe, peores serán los perjuicios y más difícil será la mitigación. No queda mucho tiempo.

–Obama dice que sí, que vamos a hacer un esfuerzo, pero a largo plazo.
–Él no va a estar gobernando en el 2050, por lo que es fácil decir cosas así. Los conocimientos actuales nos dicen que se tiene que actuar a corto plazo y con medidas contundentes.

–Pero la llegada de Obama ha supuesto un gran cambio.
–Un cambio de actitud, sí, pero aún no ha ofrecido nada, no hemos visto un compromiso con lo que hace falta: los recortes de emisiones y la financiación a países en desarrollo.

–¿A China y otras potencias emergentes se les puede exigir algo?
–Todos los países tienen que hacer su justa parte y ellos están dispuestos a sumarse al esfuerzo. El problema es que no van a poder moderar el crecimiento del CO2 de forma sustancial si no reciben incentivos tecnológicos. Lo que exigen es justo.

–Los ciudadanos pueden hacer cosas a título individual.
–Por supuesto. Cada acción tiene un impacto directo, pero…

–Pero ¿qué?
–Las acciones voluntarias van a ser insuficientes para acabar con un problema de esta magnitud. La energía que usamos y las grandes infraestructuras dependen de decisiones de los que mandan.

–Ha venido a Barcelona en avión.
–Obviamente. Vivo en Colombia y no tengo otra posibilidad. Sin embargo, incluso la aviación se va a ver obligada a buscar otras pautas menos emisoras en los próximos años. La UE ya está promoviendo una reducción del CO2 del 10%.

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