Educación

Educación, un derecho vulnerado

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Todas las constituciones garantizan, en América latina, el derecho a la educación. Se repite con énfasis en los discursos que la educación debe ser la prioridad. En el siglo XXI, está muy claro que sin educación no hay futuro para las personas, las familias, ni los países. En la región, han habido avances relevantes: más del 90% de los niños ingresan en la primaria, el analfabetismo es reducido. Sin embargo, varios estudios recientes -como el riguroso y documentado Serce-Unesco 2002-2008, el “Informe de seguimiento de la educación para todos en el mundo, 2009”, y otros- muestran brechas muy agudas, como las anotadas a continuación.
 
1. Escuelas mal dotadas
Si la educación es prioridad, debería reflejarse en que la escuela tuviera los recursos básicos: agua potable, baños suficientes, biblioteca, una sala de computación, un número razonable de computadoras.
En la región, de acuerdo con Serce-Unesco, el 20% de las escuelas no tienen agua potable, un 33% no tienen baños suficientes, un 47% no tienen bibliotecas, un 63% no tienen sala de computación y hay, en promedio, 16 computadoras por escuela.

Con niveles mejores y con esfuerzos importantes, también las cifras argentinas de 2006, que relevó el estudio, indican un largo camino por recorrer: el 18% de las escuelas carecían de agua potable, el 25% no tenían baños suficientes, el 26% no tenían bibliotecas, el 52% no tenían sala de computación, sólo había 12,5 computadoras promedio por escuela.

2. Maestros insuficientemente pagados
Mientras que en Finlandia, Israel o en Suiza ser maestro es una profesión buscada que implica recibir un sueldo mejor que el promedio y tener por delante una carrera con múltiples estímulos, en América latina esa condición, que tenía alta jerarquía social un siglo atrás, se halla ahora desvalorizada. Los ingresos son inferiores a los promedios del mercado, los estímulos muy limitados, la subsistencia difícil. El relevamiento encontró que el 36% de los maestros de 6º grado tenían otro trabajo para poder salir adelante.

3. Niños que trabajan
La condición mínima para que un niño pueda cursar en la escuela primaria es que se pueda dedicar totalmente a ella. No se concibe otra posibilidad en ningún sistema educativo. En América latina, no funciona así para los niños más desfavorecidos. De todos los niños que están en 6º grado de primaria, el 11% trabaja. Casi todos ellos son niños humildes. En Guatemala, la cifra sube al 17,5% y en República Dominicana es el 14%. En la Argentina se estimaba en el 6%.

4. Calidades desiguales
No se trata sólo de cursar una cantidad de años en la escuela, sino, al mismo tiempo, de los contenidos que se reciben. Es fundamental que los niños puedan acceder a una educación de calidad. Las cifras indican desniveles de gran importancia entre las escuelas rurales y las urbanas. Las primeras están en desventaja absoluta en todos los planos y ello se refleja, finalmente, en el rendimiento de los niños. Entre las urbanas, a su vez, las privadas tienen mejor dotación, más recursos de aprendizaje, mejores sueldos, facilidades de computación.

5. Aprendizajes deficitarios
Estas restricciones, y otras ajenas totalmente a la escuela, que vienen del hecho de que muchos niños proceden de familias pobres, con padres con primaria incompleta, con viviendas hacinadas, y tienen en diversos casos insuficiencias alimentarias, llevan a rendimientos problemáticos.

Al medir el nivel de conocimientos de los niños de tercer grado de primaria en una escala de cuatro niveles, el 40% de los niños no superaban el nivel más simple en matemáticas y ciencias, y el 32% no lo superaba en lectura. Ejemplificando, se señala en los informes: “En Perú, tan sólo el 30% de los alumnos de primer grado y el 50% de los de segundo grado podían leer pasajes sencillos de un libro de texto de primer grado. En Guatemala y en la República Dominicana es muy escaso el nivel de dominio de la lectura de la mitad o más de los alumnos de tercer grado de primaria”.

En la prueba Internacional PISA, de medición de conocimientos, los pocos países latinoamericanos que participaron quedaron muy rezagados.

Los serios problemas en educación en América latina están estructuralmente ligados a los altos niveles de desigualdad de la región. El estudio Serce-Unesco muestra una fuerte correlación estadística entre los coeficientes Gini -que miden la desigualdad en la distribución de los ingresos- y el rendimiento. Cuanto más alta la iniquidad peor, finalmente, el rendimiento escolar. Los amplios sectores de niños que pertenecen a los estratos con poca participación en el ingreso van a tener condiciones muy desfavorables para poder completar la escuela y rendir en ella. Así, sólo el 43,9% de los niños de la región terminan la escuela primaria a tiempo, en la edad y en la extensión de años programada.

A su vez, la escuela con los déficits de recursos y las brechas de calidad referidas acentúa las desigualdades. Los niños reciben educaciones totalmente diferenciadas, que van a determinar posibilidades muy disímiles de acceso al mercado de trabajo. Señala la Unesco (2009): “La desigualdad de oportunidades en la educación es un factor de acrecentamiento de la pobreza, el hambre y la mortalidad infantil, y mengua las perspectivas de crecimiento económico. Por eso, los gobiernos deben actuar con un mayor sentido de la urgencia”.
 
¿Se puede romper este “círculo perverso” de reproducción de desigualdades? ¿Se puede hacer que el derecho a la educación fijados en las constituciones, y repetido en el discurso, deje de ser un derecho retórico para muchos niños y se transforme en real?

Hay un gran trabajo por hacer con el aporte de toda la sociedad. Una de sus expresiones será mostrar en los presupuestos la voluntad de llevarlo adelante. Los datos dicen que la media regional en cuanto a gasto público en educación es del 4,1%, a distancia de la necesaria, inferior al 4,4% de los países en desarrollo, al 5,3% de los países desarrollados y casi la mitad de la de los países más avanzados en educación, como los nórdicos, del sudeste asiático, Israel. Estos últimos son en alta medida por sus inversiones educativas líderes en generación de tecnologías de punta y competitividad.162-col-002

Es hora de restituir a los niños y niñas del continente este derecho esencial triunfante en el discurso, pero precarizado en los hechos.

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