Antonio Hill

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Antonio Hill: «Obama todavía no ha ofrecido nada»

Este politólogo, activista ambiental y negociador recorre desde hace cuatro años las cumbres sobre el clima por encargo de Oxfam-Intermón. Su última parada es Barcelona.

 

Antonio Hill. Foto: ALBERT BERTRAN

Antonio MADRIDEJOS

Hill nació en Madrid, hijo de estadounidense y española, pero su vida ha sido un trasiego continuo con parada final en Bogotá, donde actualmente reside. Es licenciado en Ciencias Políticas, especialidad estudios asiáticos, y trabaja desde hace 10 años para Oxfam International. Dentro de lo posible, intenta predicar con el ejemplo: «En mi casa no uso ni calefacción ni aire acondicionado, me ducho con agua fría y voy caminando al trabajo. Y el carro, lo menos posible».

–Tratándose de cambio climático, resulta chocante que se necesiten tantas cumbres, tantos delegados y tantos viajes para negociar.
–Con toda seguridad deberíamos cambiar algo, apoyarnos más en la tecnología, pero tenga en cuenta que estas reuniones pueden marcar la vida o muerte del planeta. Hay muchas opiniones. En Tejas se celebra cada año una cumbre en la que se debate sobre petróleo y métodos de extracción a la que asisten más de 70.000 personas. Aquí son 4.000.

–¿El cambio climático es una realidad tangible o solo una amenaza?
–Claro que es una realidad. Mucha gente ya sufre los cambios experimentados por el clima en los últimos años. La población afectada por desastres meteorológicos, incluyendo sequías e inundaciones, se ha duplicado en las última tres décadas y, si la tendencia se mantiene, se duplicará por dos otra vez en los próximos cinco años. Los afectados serán entonces unos 300 millones anuales.

–Póngame un ejemplo.
–En Perú, donde estuve recientemente, el 80% del agua de abastecimiento depende de los glaciares andinos. Pues bien: los glaciares han retrocedido de forma alarmante, con una media de 35 metros lineales cada año. El proceso empezó a finales de los 70 y se está acelerando. La gente empieza a tener dificultades para vivir del agua de los riachuelos que bajan de los nevados.

-¿El catastrofismo contribuye a que el mensaje cuaje?
–Si 150 millones de afectados anuales no le parecen un problema… No se exagera en absoluto.

–Me refiero a que el grado de incertidumbre para el futuro es elevado.
–Claro que hay incertidumbres, pero el patrón general de la tendencia es clarísimo. El IPCC, el grupo de expertos de la ONU en cambio climático, estima que los niveles de confianza son muy superiores al 90%. Vamos, que no hay dudas ni en la tendencia ni en sus responsables.

–Últimamente florecen los escépticos del calentamiento.
–Y nunca dejarán de existir. Si buceas por internet, por ejemplo, descubrirás que todavía existe una sociedad empeñada en demostrar que la Tierra es plana. Desde la cumbre de Nairobi de hace tres años, todas las delegaciones participantes en las conferencias sobre el clima han dejado de pelearse por eso. Ahora tratan sobre cómo atajar el problema.

–¿El calentamiento se ha frenando un poco en los últimos años?
Es cierto que las tendencias anuales no siempre siguen la misma dirección porque hay subidas y bajadas propias de la dinámica geofísica, pero lo importante es que el patrón de las últimas décadas es siempre el mismo. Los últimos años siguen siendo muy cálidos. Está clarísimo.

–Confiemos en el progreso de la tecnología: cuando lo peor del cambio climático llegue, ya tendremos medios para hacerle frente.
–Eso es una premisa errónea. Cuanto más tarde se actúe, peores serán los perjuicios y más difícil será la mitigación. No queda mucho tiempo.

–Obama dice que sí, que vamos a hacer un esfuerzo, pero a largo plazo.
–Él no va a estar gobernando en el 2050, por lo que es fácil decir cosas así. Los conocimientos actuales nos dicen que se tiene que actuar a corto plazo y con medidas contundentes.

–Pero la llegada de Obama ha supuesto un gran cambio.
–Un cambio de actitud, sí, pero aún no ha ofrecido nada, no hemos visto un compromiso con lo que hace falta: los recortes de emisiones y la financiación a países en desarrollo.

–¿A China y otras potencias emergentes se les puede exigir algo?
–Todos los países tienen que hacer su justa parte y ellos están dispuestos a sumarse al esfuerzo. El problema es que no van a poder moderar el crecimiento del CO2 de forma sustancial si no reciben incentivos tecnológicos. Lo que exigen es justo.

–Los ciudadanos pueden hacer cosas a título individual.
–Por supuesto. Cada acción tiene un impacto directo, pero…

–Pero ¿qué?
–Las acciones voluntarias van a ser insuficientes para acabar con un problema de esta magnitud. La energía que usamos y las grandes infraestructuras dependen de decisiones de los que mandan.

–Ha venido a Barcelona en avión.
–Obviamente. Vivo en Colombia y no tengo otra posibilidad. Sin embargo, incluso la aviación se va a ver obligada a buscar otras pautas menos emisoras en los próximos años. La UE ya está promoviendo una reducción del CO2 del 10%.

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