UNA SONRISA

Navidad de Los Pobres: ¿Qué tal si vemos a nuestro alrededor?

Aunque dicen que soñar es gratis, muchas personas no quieren fantasear con una Nochebuena, sino más bien “algo” que les permita salir del paso, con una comida distinta, con un “engañito” y un entrechoque de campanas navideñas. Por Silvia Miranda

 Escrito por Silvia Angélica Miranda

 

Se ve tan distinto el paisaje de fin de año en algunas poblaciones y calles de la ciudad, donde sólo en sueños se recorren tiendas iluminadas, atestadas de juegos y juguetes que esperan ser adoptados por algunas manitos infantiles. Y, esas luces se apagan al momento de despertar. Ya no hay dinero para comprar el juguete que el soñador tuvo en sus manos, porque ha vuelto a la realidad, y nada de lo que le hizo feliz en esos lindos segundos, podrá ser posible.

Pero, ¡si esto no es novedad! Por la vida de muchas personas “no pasa nada”… Incluso el tiempo que podrían ocupar en pensar, pareciera tener un valor inalcanzable. Y el paseo y trajín de quienes sí tienen solvencia (pequeña, mediana o máxima), parece volver invisibles a quienes poco o nada tienen.

Como en todas las cosas, hay muchas experiencias que se viven en el silencio del corazón de cada pobre. Y quien tiene más, nunca sentirá las carencias como suyas… sólo lo harán si en algún momento de la vida, sufre el dolor del necesitado o está falto de las cosas más básicas para subsistir.

Jesús fue pobre

En el pesebre que tradicionalmente conocemos, podemos detectar que la pobreza hermosa y maravillosa se traduce en el nacimiento de Jesús quien, muy carente de lujos simples o tecnológicos, vino a hacerse presente en la Tierra, para salvar a los hombres. Hoy, quien tiene más, mucho o al máximo, debiera compartir lo que tiene con los más desposeídos, no para salvarse del pecado, sino más bien, para rendir honores a Jesús… porque Él vino –incluso a eso- a buscar a los pobres.

Los otros pobres

Está dicho que Jesucristo vino en búsqueda de los pobres, materialmente hablando. Pero es tan cierto el concepto que, también, “vino a buscar a los pobres de espíritu”. Es que la mayor de las pobrezas enfoca sólo a un segmento: a los hombres que son constantes en el pecado; y, llámese pecado a la envidia, la falsedad, la ausencia del respeto, la desidia, el mal ejemplo y el ocio ilimitado. No hay mayor pobreza que el pecado en el corazón… Es, en este grupo donde se encuentran muchos pobres, de los cuales no debemos olvidarnos, y ayudar –en nombre de Jesús- a que ellos no se sientan carentes de afecto, amor y apoyo… para ser mejores.

La pobreza divina

Jesús vivió, desde que nació, con las máximas carencias y la más alta escasez. Abrió sus ojos, sensible, muy pequeñito y frágil. Su existencia no fue la que corresponde a un ser hermoso y superior y predilecto. Todos sabemos que, desde que vio la luz, por vez primera, su vida se vio asediada y rodeada de grandes persecuciones. Su pesebre (que no fue de yeso, con luces, ni de cristal o metal precioso), fue construido con palos deformes y ramaje, dejando un espacio especial para posar al recién llegado, a quien envolvieron en un pequeño manto blanco, como recién vestido para recibir el sufrimiento, inseguridad y persecución. Su corazón, claro está, no era pobre de pecado, porque siempre meditaba, caminaba, recorría lugares donde lo necesitaban, oraba y se comportaba, como nadie en el mundo. Y, lo más importante, sin ningún lujo ni arrastrando ropajes distintos; Él tenía sólo lo que llevaba consigo. Da mucho, a pesar de que muchos no le creían sus acciones… y recibe lo que la gente le da.

Su madre, María, una pobre mujer, llena de simpleza, plena de fraternidad. También tenía una vida con muchas privaciones; es que era una humilde campesina, muy buena caminante (por ello, su cara se encontraba tostada por el sol). Su corazón, por lo tanto, era sencillo y lleno de amor, que le entregaba a su hijo Jesús, haciendo todo lo posible para que Él su hijo se sintiera protegido por ella. José, por su parte, quería darle muchas cosas a María, para que ella atendiera a Jesús… pero –por su gran pobreza- podía entregarle lo mínimo.

Cómo ayudar

La ciudad, el país y el mundo presenta gran cantidad de pobreza (material y del corazón). Se sugiere, por ello, meditar –muy sinceramente- para buscar la forma de ayudar a minimizar el sufrimiento de quienes se encuentran en nuestro rededor. El silencio es la mejor acción del alma. Que nuestra Luz sepa expresar la mejor frase de comprensión… Que nuestras manos sepan modelar el mejor regalo para quien lo necesita. Que nuestro albor se llene de colores para alegrar a los carenciados.

La Iglesia, amigos lectores, no es el edificio erigido para ingresar a orar; la Iglesia somos nosotros, y –si pertenecemos a ella- debemos (al igual que Jesús) sentir amor por los pobres. Dejemos un ratito de brindar, de disfrutar las bondades de la vida y los villancicos… Salvemos, con nuestro amor a los desesperanzados, a los inválidos, el vendedor de la calle que no vende, sino que clama que le compren sus productos.

Acerquémonos a los extranjeros que caminan por nuestra ciudad, y que llegaron a ella porque consideraron que “nuestra Tierra” era mejor para vivir. No nos olvidemos de los minusválidos, de los solitarios, de los tristes y los que nada tienen, porque “la celebración de la Navidad verdadera, tiene un significado único y valioso: dar amor a los más necesitados.

 

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1 Response so far »

  1. 1

    Comparto tus ideas, a veces nos olvidamos de los otros y en Navidad es la época que nos hace recordar el verdadero significado de los que somos: seres humanos diferentes pero humanos.


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