LIBERTAD PARA KORIA

LIBERTAD PARA KORIA

16 enero, 2011 por: Tomás Vte. Martínez

 

Un tirón brusco, furtivo, traidor,

te arranca la venda invisible y espesa

que cubre tus ojos de luna nueva.

Un cuchillo, afilado de cólera ciega,

un tajo helado, ruin, alevoso,

cercena tu tierna y confiada inocencia.

Un hachazo brutal, ignorante, malvado,

resquebraja, violento, al instante tu vida

y la torna más débil, más frágil, más negra.

Un dolor agudo, profundo, que quema,

un desgarro que crece,

la arena se agita y sorprende, no entiende;

restalla un grito rabioso,

un grito rebelde,

un grito angustioso,

un grito insumiso,

un grito impotente,

un grito valiente

que lanzas con furia, con férrea esperanza…

que se traga apenado, confuso, el desierto.

Mas el viento te escucha y se ofende

y te entiende y se eleva llevando tu grito

y cruza las dunas

y cruza montaña

y cruza los mares

y cruza las tierras

y trae hasta nosotros tus ecos de lucha,

tu grito rabioso,

tu grito rebelde,

tu grito angustioso,

tu grito insumiso,

tu grito impotente,

tu grito valiente

que lanzas con furia, con férrea esperanza…

tu llanto que anega las tierras resecas,

heroicas, de dunas y jaimas, del Sáhara inmenso.

Un tirón brusco, furtivo, traidor,

nos rompe pedazos enormes del alma.

Un cuchillo afilado de cólera ciega

nos graba a tajos de fuego tu ausencia.

Un hachazo brutal, ignorante, malvado,

nos arranca sollozos, gemidos y quejas.

Un tirón brusco, un cuchillo afilado, un hachazo brutal

nos privan de tus ojos de negra noche,

de tu mirada de estrellas,

de tu cabello azabache,

de tu sonrisa de luna,

de tu piel de arena tostada.

Una garganta se aclara y una voz se levanta,

una mano se alza, muchas manos se juntan,

muchas voces se unen y es un clamor de gargantas.

Cesa el llanto, no hay espera,

es la vida o es la muerte

de tus ojos de negra noche,

de tu mirada de estrellas,

de tu cabello azabache,

de tu sonrisa de luna,

de tu piel de arena tostada.

Un mar de brazos se alza,

un universo de puños se cierra

y golpea con firmeza, con paciencia,

exigiendo tu inocencia, tu regreso, tu presencia,

tus ojos de negra noche

y tu mirada de estrellas,

tu cabello azabache,

tu sonrisa de luna,

y tu piel de arena tostada.

Tu frágil vida, Koria, que es ya parte de la nuestra.

 

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