Distinguir el bien del mal

Distinguir el bien del mal

.


La conciencia moral es la facultad que capacita a la persona para percibir la cualificación moral de sus acciones u omisiones. La autoconciencia moral emite el juicio que define el valor moral del acto: el bien o mal contenido en él. Se trata de una función de la conciencia ligada al intelecto, pues tiene por misión conocer la verdad en el ámbito de los valores, ante todo morales.

La verdad sobre los valores morales permite establecer la normatividad moral: el conjunto de principios que orientan a la persona para realizar el bien. La verdad posee, dentro de la estructura de la persona, un poder normativo: una capacidad de dictar normas que determinan el verdadero bien de la persona en el obrar. La normatividad es fruto y consecuencia de la existencia de los valores, que se conocen de modo objetivo, y por ello se pueden dar normas objetivas referentes a ellos.

La noción de deber se halla íntimamente conectada con la de normatividad y con la participación de la acción en la verdad. La verdad acerca de los valores establece una normatividad que tiene carácter de deber, que se impone al hombre como una algo que se debe realizar.

La experiencia del deber manifiesta la dependencia de la acción humana respecto de la verdad. Al experimentar el deber de realizar una determinada acción constatamos la existencia de un determinado valor que reclama de nosotros una determinada conducta. La verdad del valor constituye la base de la formación del deber: “el poder normativo de la verdad (…) explica los deberes en cuanto referidos a los valores” [Wojtyla]. Dicho de otro modo: la verdad sobre el bien establece el fundamento de la normatividad moral. A su vez, la normatividad expresa y encierra un determinado deber: cuanto más profundo es el convencimiento de que una norma indica un bien verdadero, tanto más fuerte es la obligación o deber que genera”.

La experiencia del deber pone de manifiesto la vinculación de la libertad con la verdad. La normatividad moral, en cuanto que significa la dependencia de la verdad en el obrar, no anula o coarta la libertad, sino que es su expresión más clara.

La formación de la conciencia moral es la tarea auto educadora que realiza el sujeto humano a fin de alcanzar un buen discernimiento de la verdad sobre los valores morales. La formación moral se nutre del ejemplo aportado por modelos humanos valiosos y atractivos. La vida ejemplar de algunas personas puede constituir el mejor patrón de conducta de ciertas actitudes morales fundamentales para la formación moral: respeto, honradez, solidaridad, lealtad, servicio, generosidad… Las biografías de ciertos personajes de la historia suele constituir un buen marco de referencia para la educación de la conciencia moral. La buena Literatura puede también jugar un papel importante en la educación moral, en cuanto que ofrece una galería de modos de comportamiento paradigmáticos ejemplares o execrables.

El conocimiento de los valores morales ejemplificados en determinadas personas permite asimismo determinar el proyecto de vida: el conjunto de objetivos que un hombre se propone conseguir a lo largo de su vida así como los valores o estilo moral con que desea configurarse a sí mismo. El proyecto de vida obedece a una voz interior que la persona escucha en su interior y es a la vez la respuesta moral a esa vocación.

Ante las posibles opciones que presenta la vida en cada momento la conciencia debe iluminar la mente para elegir bien. La conciencia puede adoptar diversas posturas ante una coyuntura concreta de la vida:

En unos casos la conciencia propone, sugiere, invita, impulsa al sujeto a tomar una determinada opción.

Otras veces desecha, desestima, rechaza una posible actuación.

En ocasiones duda o queda perpleja sobre la conveniencia o no de actuar de una determinada manera.

Otras veces el sujeto siente temor o incertidumbre ante una situación presente o futura que no sabe resolver adecuadamente.

También la conciencia puede enjuiciar las acciones pasadas: detestarlas (experimentando remordimiento, arrepentimiento) o encomiarlas (sintiendo satisfacción interior por la obra realizada).

La autoconciencia moral se halla lejos de realizar una mera función teórica: la definición del bien y el mal. El carácter marcadamente práctico de la autoconciencia moral viene dado por desempeñar una cierta función de puente entre el conocimiento objetivo de los valores morales y las circunstancias individuales en las que se ejerce la acción. Su misión propia “no es meramente cognoscitiva (…) sino que consiste también en hacer depender el acto de la verdad conocida” [Wojtyla]. Para obrar bien no basta con conocer lo bueno, se precisa también el querer obrar bien, y además superar con fortaleza las dificultades que se presentan. La autoconciencia moral interviene integrada en la dinámica de la voluntad, que asume los dictados de la conciencia moral y encauza la acción de acuerdo a ellos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: