VACACIONES SOLIDARIAS

Mucho calor pero lejos del desierto

Un total de 146 niños que proceden de los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf, en Argelia, se hospedarán durante julio y agosto en casas de familias cordobesas para disfrutar de las vacaciones

Magdalena Cabello | Actualizado 07.07.2011 – 01:00

“Son dos meses en los que no cabe más alegría, un enorme halo de humildad me recorre desde que vienen hasta que se van”, afirma una de las madres de acogida. Los pequeños llegaron el pasado 28 de junio al aeropuerto de Málaga desde los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf, en Argelia. Estos niños que durante dos meses disfrutan de una vida totalmente diferente a la que tienen en su lugar de origen, dejan atrás el desierto durante el verano para enfrentarse a otra cultura. En Córdoba y provincia, cada año se ofrecen cientos de familias para acogerlos en sus hogares con la sana intención de ofrecerles ciertas comodidades que para esta sociedad son esencialmente básicas y habituales, como las consultas médicas o una alimentación correcta y equilibrada.

“Si para una familia es importante disfrutar de unas vacaciones, imagino lo que puede ser para estos niños que salen durante una temporada de un territorio hostil y precario”, señalaba ayer el alcalde, José Antonio Nieto, en un acto de bienvenida a los pequeños en la Ciudad de los Niños.

El proyecto es fruto de la colaboración del Ayuntamiento y la asociación Amigos de los Niños Saharauis. Ambos hacen posible este compromiso que cada año cuenta con la voluntad añadida de las familias de acogida. A pesar de que “se trata de un choque notable entre su hogar de origen y el de acogida, ninguno lo interpreta negativamente. De hecho, ellos quieren volver pero su oxígeno lo consiguen aquí”, añadió ayer la delegada de Juventud y Cooperación, Beatriz Jurado.

Durante el acto de bienvenida, los pequeños saharauis, de entre siete y diez años, observaban asombrados la nueva realidad. “Me gusta mucho estar aquí en la ciudad, porque me cuidan muy bien, pero a veces echo de menos mi casa”, cuenta uno de los niños recién llegados. Tras comer un dulce helado y hacerse fotos con la mascota del parque, jugaron ensimismados. Más tarde, después de recorrer ampliamente la Ciudad de los Niños, los pequeños visitaron también durante el resto de la mañana la Diputación y la Subdelegación del Gobierno.

Comentaba una de las madres que “por mucho que aquí le ofrezcamos, ellos tienen su lugar e incluso nosotros aprendemos a apreciar más lo que tenemos”. Se trata de una acción voluntaria, más que de una ayuda, porque la solidaridad va más allá de una gratificación personal. Consiste, más bien, en disfrutar de la alegría del niño. En este caso, más que nunca, el dicho se cumple y no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita.

 

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