Mujer, Rigoberta Menchú

Rigoberta Menchú    

Año tras año crece la celebración del Día Internacional de la Mujer. Vale la pena preguntar: ¿Qué se sabe sobre este día? ¿Por qué es necesario este tipo de homenaje? Si bien desde todas las geografías y tiempos, la mujer ha sido tratada en forma desigual con respecto al hombre, también lo es, el hecho de cada vez más su importancia se está reconociendo y protegiendo. A pesar de esto, tristemente se puede decir que no existe lugar ni en Oriente ni en Occidente, en donde ella no haya padecido un sin número de injusticias.

Si nos detenemos a mirar la historia, la voz femenina ha sido durante varios siglos la gran ausente, salvo en contadas excepciones, ella se ha convertido en protagonista. Sin embargo, esta realidad está cambiando, desde mediados de siglo XX, muchas mujeres empezaron abrir caminos de recuperación no sólo de su identidad y valía, sino también de sus derechos y libertades.

Desde la antigüedad, su vida fue utilizada y ofrecida a diversos ritos milenarios, aún hoy se ve reducida a una mercancía de intercambio. Es pertinente cuestionar, ¿por qué el ser humano oprime a otro? ¿Por qué a la mujer siempre se le han impuesto prohibiciones, estéticas, roles, comportamientos, reglas? Los cambios son paulatinos; en la actualidad, muchas son apedreadas, condenadas a morir lapidadas, mutiladas, convertidas en esclavas; sus vientres han sido utilizados para perpetuar poderes, odios e infamias.

De la maternidad se ha hecho su principal forma de valoración social. Pero, ¿qué pasa con las que nos son madres? ¿No existen? Más allá de una obligación social, familiar, moral o económica, la mujer está luchando por su libertad y autonomía, pues desea tener la posibilidad de crear y elegir su propia vida. ¿Es esto posible?

En países como Colombia, hay niñas con niños; gran parte de las madres son cabezas de familia; ellas son campesinas, empleadas de hogar, vendedoras ambulantes, tejedoras, obreras, secretarias, enfermeras, profesoras… Ellas saben de su infinita capacidad para amar y para servir. Sueñan con deshacer las cadenas de la desigualdad que durante siglos ha predominado.

Aunque los tiempos han cambiado, desafortunadamente también en este siglo, la población femenina sigue siendo las principal víctima de todo tipo de violencias físicas y psicológicas. Las violaciones son noticia de todos los días y no distinguen edad, credo, condición económica, raza… Por citar un ejemplo de esta problemática, observen los feminicidios de Ciudad Juárez.

Al parecer, todas están expuestas a ser el blanco de abusos de toda índole. Es hora de transformar la mentalidad machista que la limita y la condena; es preciso denunciar los atropellos y no callar más. Históricamente se han construido diversos estereotipos de invisibilidad, vergonzosamente se han escondido sus virtudes y se ha ocultado su valía. Reconocida como madre, prostituta, bruja o santa; durante siglos esclava y analfabeta; ahora intenta dar un giro a su existencia y hacer de tantas lágrimas derramadas una tierra fértil, desde donde construir una nueva mirada, otra infancia y forma de convivencia. Ojala la humanidad evolucione a un ser capaz de reconocer al otro desde su integridad y que los derechos no sean privilegio de un género sino una realidad para todos y todas. Quizá algún día, se tenga clara conciencia del valor sagrado de cada vida. Es hora de que hombres y mujeres se involucren para descubrir la vida como un regalo digno.

Sin embargo, en el otro lado de la historia, en parte oculta, siempre han existido mujeres singulares, que sólo hasta el siglo XX están saliendo a relucir. Es urgente recuperar aquellas historias olvidadas y reescribir una historia incluyente de todos aquellos seres que el poder patriarcal ha dejado por fuera. En la ilimitada lista de mujeres excepcionales se rescatan muchos nombres.

En tradición misógina existen numerosas condenas que padecieron grandes creadoras como la poetiza Safo, quien se atrevió a expresar libremente sus sentimientos. La sabia griega Hipatia, matemática, astrónoma, botánica, filósofa, maestra, directora de la célebre biblioteca de Alejandría, muerta en forma cruel por el delito de amar el saber.

Las santas Santa Teresa de Jesús, la madre Caridad Brader, la madre Teresa de Calcula. Ellas encarnaron el misterio del amor hecho realidad y belleza de corazón; su lección trascendente fortalece la vida espiritual, sin la cual no existiría ningún equilibrio.

Grandes científicas como la premio nobel Rita Levi. Artistas brillantes como Louis Bourgeois, Doris Salcedo, Violeta Parra, Mercedes Sosa. Escritoras luminosas como Tony Morrison, Doris Lessing, Alejandra Pizarnik, Virginia Wolf, Clarice Lispector. Pensadoras que han cuestionado el papel del ser desde otra mirada como las sin igual Simone de Beauvoire, María Zambrano, Hélene Cixous, Luisa Muraro y tantas, tantas otras. Tantas mujeres anónimas que día a día se encargan de sostener al mundo gracias a su cariño, dedicación y entrega, para ellas va este especial homenaje. A todas gracias. Gracias por existir y por señalar otros caminos, caminos de fe, esperanza, caridad y entrega.

Hoy es más que una simple fecha, aunque la tendencia sea la de vincular el 8 de marzo con el incendio ocurrido en 1908 en una fábrica de New York, el cual fue provocado por el empresario de Cotton, como reacción a la huelga por parte de un grupo de trabajadoras del sector textil que exigían mejoras laborales; en el hecho murieron 129 obreras. Pronto las feministas tomaron este ejemplo para reivindicar la lucha de las mujeres, especialmente en lo concerniente a un trato justo en el mundo obrero.

Asombrosamente historias parecidas se siguieron repitiendo, por eso, para no olvidar y para no seguir reproduciendo ese tipo de infamias, desde 1958 se universaliza dicho día. Fue Clara Zetkin (1857-1933), líder de movimiento alemán de mujeres socialistas, quien en 1910 propone esta celebración; una de las finalidades era conseguir el derecho al voto. Al respecto, es pertinente recordar que la primera celebración se llevó a cabo simultáneamente en diversos países (Austria, Alemania, Suecia, Dinamarca), un 19 de marzo de 1911, pero sólo hasta 1920, en Estados Unidos el sufragio femenino se convierte en realidad.

Según lo constatan los testimonios, es en 1914 cuando se conmemora en Alemania, Rusia y Suecia el 8 de marzo. Es obvio pensar que influyen diversos factores como la llamada Revolución Rusa (1914); posteriormente, según el calendario occidental, un 8 de marzo de 1917 hubo una revuelta por falta de alimentos, liderada por las mujeres rusas. Este último fenómeno contribuyó mundialmente a definir el día y el mes que nos ocupa.

1975 es declarado según la ONU el año Internacional de la Mujer. Aquí se intenta esclarecer el origen, pero al parecer, se desconocen ciertos acontecimientos. En la actualidad está dentro de las políticas del milenio de todos los gobiernos conceder prioridad a la problemática de las mujeres. Desde el siglo XX también se vienen gestando distintos debates que versan sobre la identidad, el género, la igualdad, etc. Sobre estos asuntos, es posible distinguir diversas posturas, lo importante es que la humanidad está dando un giro que hace un llamado al autoconocimiento y a formas de convivencia más sanas.

Pensadores como Emil Cioran, no dudaron en señalar que el grado de evolución de una sociedad se evalúa de acuerdo a la calidad de vida que se brinda a las mujeres. Aún existen muchas desigualdades y precariedades, las transformaciones cualitativas son lentas, por eso, este día de celebración es necesario para:

• Dar el lugar a aquellas que nunca han sido las protagonistas de la historia oficial, pero sí de la vida cotidiana.

• Reconocer la infinita capacidad de amar, nutrir y velar por la vida de las madres, hijas, hermanas, esposas, amigas, religiosas, artistas, científicas…

• Crear memoria de los desaciertos y aciertos humanos.

• Conseguir igualdad en cuanto a los derechos ciudadanos.

• Cambiar la mentalidad machista que oprime tanto a la mujer como al hombre

• Respetar la diferencia de cada ser y valorarlo desde su unicidad.

• Desmitificar la visión errónea sobre el ser mujer y lo femenino.

• Poner freno al maltrato y la violación constante que sufren las mujeres. Cada irrespeto hacia su ser constituye una vulneración de los derechos humanos.

• Celebrar también el derecho a una vida digna.

• Construir relaciones de convivencia desde el reconocimiento, la libertad y el respeto.

Como se ha observado, la participación de la mujer es invaluable y va más allá del ámbito doméstico; una de sus principales tareas ha sido, es y seguirá siendo, la de construir y alimentar el orden simbólico de los afectos; tarea que la dignifica y la eleva. Ella sin lugar a dudas, constituye la base esencial no sólo de la familia, sino de la sociedad, la economía, y en general, de todo el bienestar humano, pues se encarga de tejer mundos de protección vital. Queda claro entonces que este es sólo un merecido homenaje, pero el compromiso con ella debe hacerse evidente en cada instante de la vida.

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