Archive for Minas de Chiles

Volcán Copahue, Chile

CHILE-VOLCANO-PUYEHUE

Alta probabilidad de erupción del volcán Copahue

Foto: REUTERS

SANTIAGO, 29 May. (EUROPA PRESS) –

La Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior y Seguridad Pública (ONEMI) de Chile ha advertido que existe una “alta probabilidad” de erupción del volcán Copahue.

Según el último reporte de la entidad, consultado por Europa Press, el informe de Actividad Volcánica (RAV) para la Región del Biobío, indica que la sismicidad registrada en el volcán Copahue durante las últimas 24 horas continúa con una alta intensidad, lo cual sigue relacionado con el ascenso de un cuerpo magmático en la capas someras del macizo.

En este contexto, “existe una alta probabilidad de que la actual situación culmine en un proceso eruptivo”. Por otra parte, a través de las cámaras instaladas alrededor del volcán, no se pudo observar la columna de gases debido a las condiciones meteorológicas imperantes en el lugar.

En el contexto del operativo de evacuación de las comunidades aledañas a 25 kilómetros del volcán, este martes fueron trasladas 80 personas correspondientes a la localidad del Barco y durante este miércoles se espera que aproximadamente 1.200 pobladores continúen con este proceso, de acuerdo a las gestiones realizadas por el Intendente del Biobío.

Para ello se han dispuesto en la zona todos los recursos por parte de la autoridad. Apoyan en estas labores, Ejército, municipios, bajo la coordinación del gobierno regional y con la asesoría de ONEMI.

El Servicio Nacional de Geología y Minería (SERNAGEOMIN) continúa con la vigilancia permanente del volcán en línea y la Dirección Regional de ONEMI mantendrá las coordinaciones con los integrantes del Sistema de Protección Civil para alertar oportunamente y dar adecuada respuesta ante eventuales situaciones de emergencia producto de la condición actual del macizo.827D5A82495693B78758BF6AD104E_h287_w430_m2_q80_cZwvkrCZD

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La amarga historia del azúcar

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Campos de caña de azúcar en Kalasin (Tailandia)

Hubo un tiempo en el que los hombres eran incapaces de sobrevivir al duro invierno. Durante los meses más cálidos, acumulaban frutos y carne, pero nunca conseguían suficiente alimento para pasar la época de frío. La población se veía diezmada en cada estación invernal y los humanos vivían continuamente acechados por la preocupación de la muerte. El Creador vio su sufrimiento y pidió ayuda al espíritu de los bosques, el Arce, para darles una fuente de energía que les permitiera sobrevivir. El Arce ofreció su sangre, dulce y energética, para suplir las carencias de los humanos. Pero obtener el jugo era demasiado fácil y su sabor, demasiado apetitoso: los hombres se volvieron adictos a aquella dulce savia y dejaron de consumir todo lo demás. Abandonaron sus poblados para aferrarse a los troncos de los arces y engordaron tanto que apenas podían moverse. Para revertir esa situación, el Creador decidió dificultar el acceso al dulce néctar: la savia dejaría de fluir de forma constante y los humanos tendrían que esperar hasta el final del invierno para recogerla. Después tendrían que transformarla ellos mismos, primero en sirope, y luego en azúcar. Así apreciarían el regalo que se les había concedido.

Ésta es una de las numerosas leyendas que los indios americanos cuentan sobre el origen del sirope de arce, ese popular líquido que en Norteamérica colocan en postres como las tortitas. El arce es una fuente marginal de azúcar, pero la leyenda sigue siendo una metáfora sobre los usos y abusos de un alimento que, hoy como hace cuatro siglos, arrastra sangre y sacrificio en su origen, y provoca la adicción de los opulentos.

Según se cree, los pueblos originarios de la isla de Nueva Guinea fueron los primeros en domesticar la caña de azúcar, que después pasó al Sudeste asiático: polinesios y asiáticos sólo usaban el jugo de la caña para beberlo. Sólo más tarde, en la India, se descubrió la técnica para convertir el jugo de caña en los dulces cristales con los que hoy nos endulzamos el café. Fue Alejandro Magno quien llevó a Grecia la preciada planta, que comenzó a comerciarse como un producto de lujo, y que se empleaba también por sus propiedades medicinales. A España llegó a través de los árabes y, en su segundo viaje a las Indias, Cristóbal Colón la introdujo en América, donde, en las regiones de climas tropicales, comenzaron a expandirse vastísimos cultivos de la caña, que nunca terminó de crecer bien en los climas templados y fríos de Europa. Sólo mucho después, en el siglo XVIII, los europeos descubrieron las propiedades cristalizadoras del zumo de remolacha, y fue entonces cuando su consumo se generalizó en el continente. Todavía hoy parece un pequeño misterio que el mismo producto pueda extraerse de lugares tan diversos como los altivos tallos de la caña y las raíces de la remolacha.

Campo caña de azucar

Campos de caña de azúcar en Kalasin (Tailandia)

En 2011 se produjeron más de 168 millones de toneladas de azúcar en todo el mundo#; en los países ricos se consumen unos 30 kilos por persona y año#. No son sólo las cucharadas que añadimos al café o los dulces que tomamos: el azúcar está presente en el pan, los lácteos y un sinfín de productos elaborados, salados y dulces, desde las empanadillas hasta los embutidos, pasando por la salsa de tomate. Si ni siquiera tenemos claro qué alimentos contienen azúcar, no hablemos de su origen; y se trata de un alimento básico, demasiado importante como para desconocerlo hasta ese punto. Por eso dedicaremos las próximas páginas a investigar, en toda su extensión, la cadena de producción del azúcar, desde la siembra hasta que llega a nuestras mesas. El trayecto es largo y difícil de trazar, plagado de infamias y sinsentidos propios de un sistema que coloca la tierra, el agua y a los seres humanos al servicio de la acumulación de capital. El relato será, cuando menos, agridulce.

El trabajo más duro del mundo

La primera parte de la cadena de producción es la que está bañada con más sangre. El cultivo de la caña de azúcar, de la que proviene cerca del 80 por ciento del azúcar que se produce a nivel mundial#, una planta propia de climas tropicales, fue, en los años de la conquista y colonización de América del Sur, una pieza fundamental de la economía esclavista que colocó a pueblos y continentes enteros al servicio de las metrópolis ibéricas. Dos siglos después de la abolición legal de la esclavitud, en Brasil, el principal productor y exportador mundial de caña de azúcar, miles de jornaleros trabajan en condiciones análogas a la esclavitud, una situación que se repite en los cañaverales de medio mundo. De hecho, aunque la recogida de caña tiene fama de ser uno de los trabajos más duros que existen, en la mayoría de los casos se sigue realizando de forma manual#: la mano de obra es tan barata que la industria brasileña no tiene incentivos para emprender una mecanización que lleva anunciando desde los años 70, y mucho menos en la India, el segundo mayor productor mundial#, donde las máquinas se utilizan en apenas un 4% de la producción. El resto son jornaleros que golpean con sus machetes los robustos tallos de la caña.

Aunque la mecanización no llega, la productividad en el sector no deja de crecer, vía rebaja salarial. Se ha generalizado el pago a los jornaleros por peso recogido, lo que los obliga a trabajar más horas. A menudo, para llegar a un salario de miseria se requieren jornadas extenuantes: algunas estimaciones calculan que, para cortar una media de 12 toneladas de caña por día, el trabajador ha de caminar ocho kilómetros, dar 130.000 golpes de poda y perder ocho litros de agua#. No extraña entonces que, en muchos casos, los cortadores consuman drogas, como crack y marihuana, para aliviar sus peonadas. Tampoco sorprende que, a los pocos años de trabajar en las plantaciones, desarrollen enfermedades por la dureza del trabajo, la exposición a agrotóxicos y quemas y las nefastas condiciones de higiene y seguridad laboral.

Sangre y sacrificio para conseguir el jugo que se convertirá en dulces cristales, aunque no sólo en cristales. Cada vez un mayor porcentaje de los cultivos de caña –en Brasil, más de la mitad- se dedica a la producción de biocombustibles como el etanol. Aunque este producto se vendió como una alternativa ecológica a la combustión de hidrocarburos, se cuestiona cada vez más que, en un planeta donde mil millones de personas pasan hambre crónica#, se destinen millones de hectáreas a cultivar plantas que llenarán los tanques flex fuel de los automóviles de São Paulo, Los Ángeles o París. Todo ello, en un momento en que la caña se suma al arrollador avance de la soja, así como a la construcción de enormes emprendimientos como las grandes minas a cielo abierto o las centrales eléctricas. En América Latina, de la Amazonia al Cono Sur, las transnacionales de la agroindustria o la minería imponen sus intereses y, con la connivencia de los gobiernos de turno, expulsan a las poblaciones indígenas y campesinas, que en muchos casos se verán abocados a aceptar condiciones de trabajo esclavistas en el campo, o migrarán a las ciudades para engordar las favelas urbanas. La lógica del sistema está atravesada por la necesidad de acumulación de capital constante; y toda acumulación proviene de un despojo. Los indígenas suramericanos del siglo XXI viven, cinco siglos después de la llegada del hombre blanco a sus tierras, una nueva oleada de desalojos que posibilitan la amenaza, la represión y la violencia.

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Una planta egoísta

Una constante se repite a lo largo y ancho del planeta, tanto en las plantaciones de azúcar como en las de soja o maíz: allí donde el agronegocio exportador sustituye al pequeño campesino, se multiplica la devastación social y ambiental. Los pequeños cultivos producen más alimentos y dan trabajo a más campesinos; los monocultivos extensivos son, por definición, perjudiciales para la tierra: empobrecen la población microbiana, el contenido de micronutrientes y la capacidad del suelo para retener el agua. Algunos estudios sostienen que rotar los cultivos con leguminosas, aplicar abonos naturales y reducir la maquinaria aumentaría la productividad en torno al 20 o 30 por ciento#.

Si la caña se cultiva normalmente en grandes extensiones de monocultivo, la remolacha suele sembrarse en campos de menores dimensiones; pero ambas plantas tienen varias cosas en común: las dos son voraces en la absorción de nutrientes, las semillas se compran a grandes empresas –a menudo, transgénicas- y, para conseguir un pleno rendimiento, el agricultor debe aplicar los agroquímicos que fabrican las mismas empresas.

Los grandes monocultivos de caña o soja se asocian a la pérdida de la diversidad de especies; lo cierto es que, desde la Revolución Verde iniciada a mediados del siglo XX, las especies y variedades menos productivas se han dejado de lado. Apenas un dato: el 90% de las calorías que se consumen a nivel mundial proceden de apenas una treintena de variedades#. Pero los monocultivos de una sola variedad dejan campos enteros inermes frente a las plagas; para evitarlas, se hacen cada vez más necesarios pesticidas y herbicidas cada vez más potentes, que acaban con los microbios, pero que también tienen efectos perjudiciales en la población humana. Y, si la toxicidad de los alimentos que consumimos es cada vez más preocupante, no lo es menos la pérdida de biodiversidad de las especies, que hace a los seres humanos cada vez más vulnerables y pone en entredicho la soberanía alimentaria. En muchas regiones del mundo, la privatización de las semillas y las patentes es un debate candente y, para las comunidades campesinas, una batalla definitiva contra un sistema económico que los condena a la marginalidad.

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Los desequilibrios del comercio internacional

Campos de caña de azúcar en Kalasin (Tailandia)

La cadena de producción del azúcar no se resume a la siembra y el cultivo: después de la recogida de los tallos de la caña o de las raíces remolacheras, queda aún un largo camino hasta que el azúcar llegue a nuestra mesa: refinado, envasado, transporte, distribución. El comercio del azúcar es cada vez menos localista y más global, es decir, el azúcar que consumen los seres humanos de todo el planeta cada vez viaja más kilómetros. Esto, además de consecuencias sociales e incluso geopolíticas, supone un alto coste en términos medioambientales, que han abierto un debate en torno a la necesidad de proteger la producción local mediante medidas proteccionistas en cada estado que, además, protejan la soberanía alimentaria de cada país. Frente a estas posiciones, los países del Sur enfatizan la injusticia que supone que los países del Norte, que obligaron al Sur a abrir sus fronteras a las manufacturas europeas y estadounidenses, levanten altos muros para defender su agricultura, el único sector en el que pueden competir muchos países africanos o latinoamericanos.

Mientras los jornaleros brasileños, camboyanos o guatemaltecos experimentan en sus carnes las duras leyes de la competencia del comercio mundial, los agricultores europeos que todavía plantan remolacha lo hacen gracias a los generosos subsidios de una Unión Europea, que no sólo garantiza su mercado imponiendo fuertes tasas al azúcar que llega de fuera, sino que coloca en el mercado exterior su azúcar a un precio muy inferior al de coste (práctica conocida como dumping). Con ello, expulsan del mercado a países que no pueden producir a un coste tan bajo, e introducen volatilidad en un sector que depende más de los subsidios y las cuotas que de la demanda real.

Países como Brasil, Tailandia y Australia han batallado en la Organización Mundial del Comercio (OMC) para poner fin al dumping practicado por una agricultura europea que se debate entre la competencia desleal con los países del Sur y la desaparición. Pese a las resistencias, y en parte gracias a la presión de los países exportadores del Sur –o tal vez por la propia lógica del sistema capitalista-, algunas de estas medidas proteccionistas van cayendo, y desde 2006 los cambios regulatorios en el mercado europeo del azúcar han hecho caer en picado los cultivos de remolacha en países como España, al tiempo que los criterios de eficiencia imponen una mayor concentración al sector. Sin embargo, la liberalización del sector no ha hecho aumentar, por ahora, el precio internacional del azúcar. En cuanto a Estados Unidos, otro importante productor de remolacha, las tareas de la cosecha están reservadas de forma casi exclusiva a los inmigrantes latinoamericanos. Una vez más, del norte de América hasta Camboya, inmigración y explotación laboral van de la mano.

 

¿Demasiado azúcar?

La adicción y la enfermedad llegan al final de la cadena. A los seres humanos nos gusta el azúcar por naturaleza, pues los azúcares son la principal fuente de energía para el consumo inmediato de nuestras células. Además, el organismo humano tiende a habituarse rápidamente al consumo de una determinada cantidad de glucosa, lo que significa que, cuanta más tomemos, más nos pedirá el cuerpo. Como en la leyenda del Arce, los problemas para la salud derivados del consumo de azúcar llegaron con su fácil acceso. Durante siglos, no estuvo al alcance de todos; hoy, el abuso en el consumo de azúcar deriva en enfermedades graves, como la obesidad y la diabetes, cada vez más frecuentes en los países ricos, donde el estilo de vida es cada vez más sedentario.

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Campos de caña de azúcar en Kalasin (Tailandia)

Las campañas publicitarias que promueven el consumo de azúcar se alternan con la propaganda que nos inyecta la afección por lo ‘light’ o ‘diet’. Pese al miedo a engordar generalizado en buena parte de la población, especialmente entre las mujeres, el consumo de azúcar sigue creciendo en el mundo opulento: en España, pasó de los 24 kilos por persona y año en 1987 a los 30 kilos de 2003#. Sin embargo, el consumo de azúcar de mesa –los cristalitos que le colocamos al café o con los que preparamos los postres- disminuyó notablemente. ¿Y entonces? La respuesta está en los hábitos de consumo. La mayoría de los productos elaborados que compramos, dulces o salados, llevan azúcar añadido, desde unas empanadillas hasta una salsa de tomate, pasando por los embutidos. El 75 por ciento# del azúcar que consumimos viene de este tipo de productos, sin duda menos saludables que los alimentos frescos. La mayor parte de las veces, consumimos azúcar sin siquiera saberlo…

 

Las resistencias

Los datos siempre son fríos, pero esta larga cadena, subyugada a la lógica del capital, oculta miles de nombres propios, protagonistas, víctimas y triunfadores. Conoceremos sus historias. Y tampoco será todo amargura: cada vez surgen, también, más alternativas que buscan un menor impacto social y medioambiental, como la miel –que endulzó los paladares europeos hasta la generalización del consumo de azúcar en el siglo XVIII- o la estevia, una planta que muchos aclaman por sus cualidades medicinales y que se puede cultivar en cualquier balcón. Y resistencias de quienes, a lo ancho y largo del mundo, sufren en primera persona los vaivenes del mercado, como los valientes guerreros del Movimiento de los Sin Tierra en Brasil. O quienes, desde latitudes más acomodadas, pelean desde sus pequeños huertos caseros para escapar a la lógica de un sistema donde cada vez es más difícil tener garantías sobre la toxicidad de los alimentos que comemos.

La primera batalla es la de la información. Queremos saber no sólo de dónde viene el azúcar, sino en qué cantidades debemos consumirlo y cuál es la bondad tanto de las alternativas solidarias –el comercio justo está en el punto de mira- como de los sustitutos –ciertos edulcorantes hipocalóricos, como la sacarina, han sido prohibidos en algunos países por sus efectos negativos para la salud-. Queremos conocer cuáles son las perversiones de un sistema que alimenta a los coches antes de las personas, y que, en nombre de la sacrosanta libertad –que a menudo no es sino una carta blanca a la dominación de los grupos de poder-, condena a la miseria y al despojo a millones de campesinos en todo el mundo, obligados a trabajar de sol a sol a cambio de un salario indigno. Un sistema para el que todo es mercancía, desde la tierra a los jornaleros, desde el agua a las semillas. Nada escapa a la lógica de la acumulación de capital y a las voraces leyes de competencia del mercado global.

La producción del azúcar sigue siendo una historia muy amarga. De todos nosotros depende hacerla más dulce.

COMPARTIDO: http://periodismohumano.com/

 

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El director de Intermón Oxfam

«El impago de las comunidades supone un alto coste en vidas humanas

laura daniele@laurasdaniele / madrid

Día 11/12/2012 – 03.15h

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Belén Díaz

El director de Intermón Oxfam denuncia que las administraciones públicas han dejado sin fondos «programas aprobados y en marcha»

 

El director de Intermón Oxfam, José María Vera, en la tienda de comercio de justo de la calle Alberto Aguilera

Antes del inicio de la crisis, España era elséptimo país del mundoque más dinero destinaba a la ayuda al desarrollo. En los tres últimos años, estos fondos públicos han sufrido un recorte del 71%. El director de Intermón Oxfam, José María Vera, denuncia que esta «caída drástica» de la financiación deja a muchas personas en «una situación de desamparo».

-De sus fuentes de financiación, ¿cuál es la que más ha recortado sus fondos?

-Ha habido una caída drástica de las comunidades autónomas y de los ayuntamientos. Además no ha sido una cosa gradual, sino que ha dejado a la gente en una situación de desamparo. Este año nos hemos visto obligados a hacer unas provisiones por impagos de proyectos aprobados, publicados en el BOE y, por tanto, ejecutados por nuestra parte. Hablamos de proyectos para atender situaciones críticas de máxima vulnerabilidad donde lo que está en juego es salvar vidas humanas y no de la construcción de carreteras, que se pueden posponer un año.

-Existe una cierta percepción social de que la pobreza ha aumentado tanto en España que la cooperación internacional debe pasar a un segundo plano. ¿Sienten esa presión?

-Hay una cierta presión, pero también un apoyo muy amplio de la sociedad española hacia la cooperación internacional. Lo que no debemos hacer es enfrentar a los pobres de un lado contra los del

«Si todas las ONG nos fueramos de Sahel comprometeríamos miles de vidas humanas»

otro. Lo que hay que hacer es apoyar siempre a los más vulnerables y España, a pesar de la crisis, tiene una capacidad de respuesta institucional mucho más elevada que los países subdesarrollados. En cambio, si hoy todas las ONG nos fuéramos del Sahel comprometeríamos miles de vidas humanas. No es algo que se pueda tomar a la ligera. Se trata de un falso dilema, la prioridad y la capacidad está en ambos sitios.

-¿Qué medidas serían necesarias para no recortar los fondos a la cooperación?

-Un ejemplo. Poner orden al fraude fiscal, cuyos cifras siguen siendo muy altas. Ya no es solo el rescate bancario. La indemnización a un único directivo de una caja intervenida, por lo tanto pagada con fondos públicos, es equivalente a todo nuestro programa en el Sahel en el que atendemos a 500.000 personas.

-¿Cómo encajan los recortes los países receptores de nuestra ayuda? A pesar de la crisis ellos seguirán pensando que somos un país rico…

-Ha habido doscientas ONG latinoamericanas que han escrito a las embajadas españolas para que se mantenga un mínimo de la cooperación, especialmente con los de menos desarrollo como los centroamericanos y los andinos, donde hay muchísima pobreza aún. Lo que dicen es que nos mantengamos ahí aunque sea de una forma distinta. En África es distinto. No lo entienden, sobre todo porque ha sido un corte radical. Eso les resulta inexplicable. Que de un plumazo desaparezcan los cooperantes, gente comprometida aportando experiencias.

-¿Qué efecto puede tener para España?

-Nada bueno. Menos ahora, que se trata de defender esa marca España. Esa marca España debe incluir valores como el de la solidaridad. Este componente ha sido muy característico de la imagen exterior de nuestro país. Hay muchos lugares donde lo que llega es la coooperación española. Y esto es algo de lo que nos debemos sentir orgullosos. Sin embargo, el presupuesto para la acción humanitaria se quedará el próximo año en poco más de 20 millones de euros. Eso es menos de lo que destina solo Intermón Oxfam.

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El Tribunal Popular Internacional de Salud

Tribunal Popular de Salud condena a Goldcorp y gobiernos por inversiones mineras irresponsables

Natasha Pitts

Periodista de Adital

Adital

El Tribunal Popular Internacional de Salud realizado los días 14 y 15 de este mes, en el municipio de San Miguel Ixtahuacán, departamento de San Marcos, en Guatemala, cerró sus actividades el último día 18. Después de escuchar los testimonios de los/las afectados/as por las actividades mineras de la Goldcorp, los jueces liberaron la sentencia de culpabilidad a la empresa minera y a los gobiernos de Honduras, México, Guatemala y Canadá.

El objetivo del tribunal fue escuchar las reivindicaciones y testimonios de las poblaciones afectadas por las operaciones mineras de la canadiense Goldcorp en Carrizalillo, Guerrero, México; Valle de Siria, Francisco Morazán, Honduras; y San Miguel Ixtahuacán y Sipacapa, San Marcos, Guatemala.

Entre los reclamos, las poblaciones de estas localidades denunciaron contaminación y pérdida irreversible de fuentes de agua, desaparición de montañas, ecosistemas, alteración del ciclo hidrológico, destrucción de cultivos y suelos, muerte de animales salvajes y domésticos, problemas de salud y aumento de problemas reproductivos.

Entre las principales enfermedades –registradas en las tres localidades– se denunciaron enfermedades en la piel, en los ojos, caída de cabello, abortos, partos prematuros, defectos congénitos y muerte de recién nacidos, problemas auditivos, problemas gastrointestinales, dolores en las articulaciones, problemas nerviosos y psicológicos.

Ex-funcionarios de la Goldcorp también tuvieron la oportunidad de atestiguar y relataron constantes intoxicaciones, desmayos, vértigos, exposición a químicos tóxicos y accidentes de trabajo por falta de equipamiento y medidas de seguridad.

Otros graves problemas registrados en los municipios donde la empresa canadiense actúa fue el crecimiento del número de bares y un aumento considerado alarmante de alcoholismo, drogadicción, violencia, prostitución, enfermedades venéreas, además del crecimiento del número de casos de VIH/Sida.

Ante la confirmación de estos casos, los jueces y juezas involucrados en el juicio decidieron condenar “las actuaciones de la empresa GoldCorp en sus proyectos ubicados en Honduras, Guatemala y México por ser consideradas altamente dañinas para la salud y la calidad de vida, la calidad ambiental, y el derecho a la libre determinación de las comunidades indígenas y campesinas afectadas”.

Los gobiernos de los países de Mesoamérica fueron condenados por complicidad y actitud irresponsable por no asegurar el ejercicio de los derechos a las y a los afectados por la empresa minera. Por su parte, el gobierno canadiense fue condenado por apoyar y promover de diversas formas las inversiones mineras irresponsables en la región.

Entre las recomendaciones y exigencias, los jueces aconsejan a los pueblos afectados impedir, de manera pacífica, las operaciones de la Goldcorp en sus territorios. Recomiendan que las comunidades y organizaciones denunciantes se mantengan articuladas y empeñadas en denunciar los efectos de la actuación de la empresa canadiense y sugieren que los pueblos indígenas y comunidades campesinas busquen todos los medios pacíficos para garantizar el ejercicio de sus derechos colectivos.

Se le exige a la Goldcorp que repare todos los perjuicios causados a la salud de las poblaciones, los daños ambientales y todos los otros daños causados a las comunidades indígenas y campesinas afectadas. La empresa también debe compensar los perjuicios pasados, presentes y futuros causados a las comunidades, teniendo en vista que la contaminación es persistente y puede perdurar por cientos de años. Otra exigencia es que la empresa suspenda toda operación minera en Mesoamérica para evitar la repetición de los problemas denunciados.

Los Estados (gobiernos nacionales, estatales y municipales) deben cumplir y exigir el cumplimiento de las legislaciones nacionales y de los convenios internacionales, en especial, garantizando el respeto del consentimiento previo, libre e informado. Providenciar nuevas formas de proteger y garantizar los derechos de las comunidades frente a la minería y velar por el respeto y ejercicio de los derechos de los pueblos indígenas. Otra exigencia es la adopción de medidas semejantes a las restricciones a la minería metálica a cielo abierto decretadas por autoridades de otros países.

Para leer el veredicto completo, entre en: http://tribunaldesalud.org/veredicto/

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CHILE, MINEROS ATRAPADOS

  EL UNIVERSAL lunes 23 de agosto de 2010  12:00 AM

Santiago de Chile.- Los mineros atrapados hace 17 días en un yacimiento al norte de Chile están vivos, informó ayer el presidente Sebastián Piñera, quien mostró un papel que los hombres bajo tierra hicieron llegar a la superficie y que dice: “Estamos bien en el refugio los 33”.

El Presidente, presente en la entrada de la mina ubicada a 800 km al norte de Santiago, mostró ante las cámaras la carta escrita con lápiz rojo que los mineros lograron hacer llegar al exterior, en un momento de gran emotividad, mientras detrás de él las familias celebraban, manifestó AFP.

El ministro de Minería, Laurence Golborne, explicó que los mineros amarraron una bolsa plástica. “Primero venía amarrada una bolsa plástica con tiras de goma con una carta de Mario Gómez a su esposa. Ahí celebramos, no sabíamos nada más; pero luego venía el mensaje donde se señala que los 33 están vivos”.

Los mineros quedaron atrapados el pasado 5 de agosto y ayer fueron contactados a través de una sonda que llegó hasta los 700 metros de profundidad, donde se encuentran los trabajadores. En la sonda fue que los mineros hicieron llegar el papel a la superficie.

Los mineros están en un refugio construido a 700 metros de profundidad, con oxígeno, agua y alimentos, diseñado para este tipo de casos.

A partir de ahora se buscará hacer el rescate físico de los mineros, una tarea que puede tomar varios meses, explicó Piñera, quien añadió que “de todos modos ahora la espera será menos angustiosa”.

Andrés Sougarret, ingeniero a cargo de las operaciones de rescate, señaló que en lo inmediato se introducirá una cámara para tener un contacto con ellos y ver cómo están.

Posteriormente, se procederá a perforar en dirección a la galería “una chimenea de 66 cm de diámetro” en unos “120 días por lo menos”.

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