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NAVIDAD DE TODOS

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NAVIDAD Si en tu corazón hay un poco más de amor, es Navidad. Si sabes perdonar al que te ofende, es Navidad. Si buscas a Dios de verdad, es Navidad. Si trabajas por la justicia entre los hombres, es Navidad. Si sabes sufrir con amor, es Navidad. Si le das una mano al caído, es Navidad. Navidad es, en fin, cuando practicamos cualquier obra misericordiosa, secar una lágrima, obsequiar una sonrisa, calmar un dolor, suavizar una pena, ir por la vida sembrando flores sin espinas, en una palabra: Navidad es amor, siempre amor. Navidad es Dios, y Dios es amor!

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Regalos solidarios en Navidad

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Regalos solidarios en Navidad

Productos de comercio justo, tarjetas regalo, libros y juguetes, entre otros, conforman el amplio catálogo de obsequios solidarios

  • Autor: Por AZUCENA GARCÍA

Imagen: griffhome

No pueden faltar. Los regalos solidarios gustan, sensibilizan, se adaptan a todas las edades y necesidades, son apropiados para cualquier persona y aportan la nota social que toda Navidad requiere. Sobran excusas para adquirirlos. Desde juguetes a juegos, libros de fotografías, bolsas de la compra ecológicas, productos de comercio justo, artesanía o textil, entre muchos otros, los obsequios solidarios fomentan valores positivos. Hay uno, o más, para cada persona. Un buen número de ONG los han recibido ya y están preparadas para distribuirlos.

Regalos de comercio justo

Cuando las listas de regalos se completan con artículos de comercio justo, quienes los reciben tienen la oportunidad de disfrutar de un obsequio único. Los productos comestibles están fabricados por productores de países del Sur a partir de prácticas ecológicas que respetan el medio ambiente, además de garantizarse unas condicionales laborales dignas. En cuanto a los artículos de artesanía, se cumplen los mismos criterios y su fabricación recae en cooperativas que benefician a aldeas enteras, mujeres, personas con discapacidad y, en general, grupos con dificultades para formar parte del sistema convencional de comercio. Para quienes quieran ayudarles, diversas organizaciones han lanzado sus catálogos:

Colaborar con ONG con la compra de regalos

Adquirir productos de ONG es un modo de colaborar con estas organizaciones a cambio de un obsequio. Los ingresos se destinan a cubrir los costes de producción y colaborar con los proyectos que las entidades llevan a cabo. En su caso, es muy interesante fijarse en el modo en que se han producido los artículos, su origen y, sobre todo, su mensaje.

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  • “No a la indiferencia” es el mensaje de Médicos Sin Fronteras. Este lema es el que contienen distintos artículos de MSF como un bolso plegable, una mochila o un estuche, entre otros. Pero además, se puede adquirir un original bolígrafo jeringuilla o un subrayador con la misma forma por tan solo 1,50 euros, un set de lápices por menos de cinco euros, una taza con los nombres de algunos países donde MSF trabaja y camisetas con la palabra “help” (ayuda) y otros diseños genuinos. Con todos ellos se pretende que quienes los regalen contribuyan a difundir el mensaje de la entidad y digan que, “también en estas fechas, se acuerdan de las personas a quienes prestan asistencia urgente”.

Imagen: UNICEFunicef

  • “Detrás de cada regalo o tarjeta hay una historia de esperanza” recuerda UNICEF. En su catálogo de Navidad reúne obsequios originales para todos los gustos, como bolsos, llaveros, tazas, servilletas, bloc de notas, calendarios, juegos, adornos navideños o camisetas para mostrar el compromiso con la infancia de todo el mundo. Junto con los regalos del catálogo, otros obsequios se han diseñado especialmente para los pequeños, como UNIbella, una figura tridimensional pintada a mano; hay artículos de papelería, como carpetas, calendarios, bloc de notas, agendas o material escolar; propuestas de decoración para el hogar, con ilustraciones de niños que representan a menores de todo el mundo; y complementos a partir de seis euros.

Imagen: Survivaldiamondearrings3

  • “En defensa de los derechos de los pueblos indígenas y tribales”. Por ellos trabaja Survival y a esta causa destina los ingresos por la venta de sus artículos. Entre la bisutería, destacan los pendientes en papel reciclado, algunos elaborados en países tan lejanos como Suazilandia. Todos se han realizado a mano por artesanos locales para fomentar su economía y cuentan con estampados típicos del lugar de origen. Cada par es único, recuerda Survival, por lo que “no es posible facilitar un modelo exacto, ya que cada pieza depende de las páginas de las revistas usadas en su elaboración”. Una opción más es una bolsa de tela de edición limitada con un dibujo inspirado en los indígenas yanomamis de Brasil, el libro ‘The Falling Sky’ escrito por Davi Kopenawa, indígena yanomami, chamán y portavoz de su pueblo, un calendario de pared con fotografías de pueblos indígenas y tribales, un original brazalete de papel reciclado y camisetas.

Imagen: Regalo Solidariofotosolidaria

  • “Haití, otra mirada es posible”. Con este mensaje, InteRed anima a regalar “fotografías con alma”. Las instantáneas son obra de Fernando Mármol, un arquitecto que participó en una experiencia de voluntariado internacional en la frontera norte entre República Dominicana y Haití. Tras tomar parte en la reconstrucción de dos escuelas, ha recopilado el material gráfico acumulado durante ese tiempo y lo ha cedido a InteRed para recaudar fondos que se destinarán a proyectos educativos. “Cuando lo vives desde allí, te das cuenta de que todas las manos son pocas”, señala. Las fotografías se pueden adquirir en la web Regalo Solidario, donde es posible elegir entre 35 imágenes, personalizadas y dedicadas, a un precio que, en función del formato, oscila entre 20 y 40 euros, incluidos los gastos de envío (en la península).

Tarjetas regalo

Las tarjetas regalo son obsequios simbólicos, puesto que en realidad con su compra se destina una donación a un proyecto o lugar donde trabaja la ONG a la que se adquiere. Varias ONG disponen de este tipo de tarjetas, cuyos precios dependen de la donación que se realice o del número de personas que colaboren:

  • Oxfam Intermón cuenta desde hace varios años con “Algo más que un regalo” para apoyar proyectos de desarrollo. Los regalos contribuyen a fomentar mejoras en las comunidades y la producción agrícola en las mismas, de modo que se les facilite el acceso al mercado, explica esta organización. Desde seis euros se puede contribuir con dos cobayas, con 12 euros se compra material didáctico, con 40 euros se adquieren semillas de girasol y con 273 euros se paga el sueldo de un profesor.
  • La ONG Plan lanza estas tarjetas bajo el lema “Regala vida”. Las tarjetas cuestan desde 9 hasta 1.000 euros, según se quiera colaborar con agua potable para dos familias durante un mes en Filipinas (9 euros), registrar a dos niños (15 euros), donar 15 desayunos en Guinea Bissau (18 euros), regalar una cabra a una familia de Malí (60 euros), cubrir una beca escolar a una niña en Senegal (120 euros), financiar un microcrédito a una mujer en Ecuador (200 euros) o proporcionar energía solar a escuelas y hospitales de Malí (1.000 euros).
  • UNICEF cuenta con un clásico, el “Regalo azul”. A partir de seis euros, se pueden regalar diez bolsas de leche terapéutica y otros artículos como una tienda de campaña, un tratamiento antimalaria, vacunas contra la polio, mantas, suplementos de micronutrientes, kits de maternidad o de aprendizaje, test para las pruebas de VIH, pastillas potabilizadoras de agua o libros de cuentos.
  • World Vision dispone de regalos desde 10 hasta 120 euros. Con estas cantidades se adquieren mosquiteras, material escolar para 15 niños de primaria, semillas, aperos de labranza o un apadrinamiento durante seis meses. En todos los casos se envía una tarjeta en la que se indica en qué consiste el regalo, mientras que cuando se opta por el apadrinamiento, se envía una caja con toda la información sobre el niño apadrinado.

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Desastres Silenciosos

Desastres silenciosos, ¿qué emergencias humanitarias desconocemos?

Algunos desastres y emergencias humanitarias en el mundo reciben poca atención mediática o caen en el olvido, pese a que afectan a numerosas personas y familiasdesastressilenciosos_art

Por AZUCENA GARCÍA

9 de julio de 2013

– Imagen: Cruz Roja -No todos los desastres se conocen. No todas las emergencias humanitarias ocupan primeras páginas, ni siquiera últimas. En realidad, solo las grandes catástrofes se difunden. A pesar de que afectan a numerosas personas, los desastres de pequeña o mediana escala no generan ruido en los medios. Son desastres silenciosos. Emergencias humanitarias que desconocemos, pero que determinan el presente y el futuro de miles de familias. Este artículo repasa algunos de ellos y cómo cada vez son más frecuentes y de mayor intensidad.

Desastres silenciosos de los que nadie habla

El 91% de los desastres que ocurren en el mundo pasan desapercibidos. Son silenciosos. A pesar de afectar a millones de personas, son desastres de pequeña o mediana escala “que la mayoría del planeta desconoce” porque los medios no informan sobre ellos. La Cruz Roja y la Media Luna Roja atienden cada mes una media de 31 desastres o emergencias sanitarias de este tipo, lo que supuso prestar asistencia a 20 millones de personas en 2011 y a más de 9,5 millones en 2012.

La Cruz Roja y la Media Luna Roja atienden cada mes una media de 31 desastres o emergencias sanitarias silenciosas

La atención mediática es importante. Los medios de comunicación difunden las noticias en todo el mundo. A través de ellos se conocen desastres ocurridos a miles de kilómetros, se genera interés, seguimiento mundial e, incluso, se pide ayuda o se recibe de manera espontánea. Por el contrario, cuando no se informa de una catástrofe, es probable que se desconozca, con las consiguientes consecuencias. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) afirma que “la amplia mayoría de los desastres y emergencias humanitarias globales corren el riesgo de recibir una atención mediática insuficiente, no recibir apoyo o quedar simplemente olvidadas”.

Atender a un volumen importante de afectados requiere dinero. “Los desastres silenciosos pueden ser también catástrofes a gran escala cuando los llamamientos de emergencia no reciben los fondos suficientes”, señala Cruz Roja. Responder a las necesidades de casi diez millones de personas el pasado año se tradujo en un importe de 13,7 millones de euros y, en el futuro, se necesitarán más. Se espera que el cambio climático, la urbanización y el crecimiento de la población “incrementen el número y la repercusión de las catástrofes”, agrega la organización.

Los datos parecen confirmar esta sospecha. El Centro de Investigación sobre la Epidemiología de los Desastres (CRED) registró en 1992 un total de 221 desastres naturales, que ascendieron a 336 en 2011. Las cifras de víctimas y fondos que se necesitaron para hacer frente a estas catástrofes fueron importantes: en 1992 resultaron afectadas 78 millones de personas, hubo 14.811 muertes y pérdidas económicas por valor de 70.000 millones de dólares; en 2011, hubo 209 millones de personas afectadas, 31.105 muertes y 366.000 millones de pérdidas económicas. “En 2015, se espera que 375 millones de personas al año se vean afectadas por catástrofes relacionadas con el clima”, alerta Cruz Roja.

Doce desastres silenciosos

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¿Por qué no se informa de todos los desastres? ¿Acaso no nos influye lo que ocurre a miles de kilómetros? ¿Qué criterio determina que se hable de una emergencia u otra? Cruz Roja explica que “un desastre de gran magnitud suele eclipsar a numerosos desastres que tienen lugar a la vez”. Es lo que ocurrió en 2012, cuando el huracán Sandy causó graves destrozos en Estados Unidos. A la vez, “otros dos ciclones tropicales asolaban India y Vietnam y se producían graves inundaciones en Argentina, Somalia e Indonesia”, señala Cruz Roja, pero se dio prioridad al desastre del país norteamericano, incluso a pesar de que también afectó a Bahamas, Cuba, Jamaica, Haití y la República Dominicana, con similar balance de víctimas mortales.

Pero este no ha sido el único caso. Para poner de manifiesto la magnitud de esta diferencia, la campaña “Desastres Silenciosos”, desarrollada por la Cruz Roja de 11 países europeos, destaca 12 desastres silenciosos.

1. Tormenta tropical en Bangladesh.

2. Inundaciones de Ecuador.

3. Huracán Sandy en el Caribe.

4. Frío extremo en Mongolia.

5. Terremoto de Tayikistán.

6. Retornados y refugiados de Burundi y el Congo.

7. Inseguridad alimentaria en Burkina Faso.

8. Inseguridad alimentaria de Camboya.

9. Inseguridad alimentaria del sur de África.

10. Brote de dengue en El Salvador.

11. Brotes de epidemias en Uganda.

12. Fiebre aftosa en Vietnam.

Más fenómenos meteorológicos y más fuertes

Los desastres naturales y las emergencias humanitarias pueden afectar a todas las personas. No entienden de nacionalidades, países o nivel de riqueza. Intermón Oxfam recuerda que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) “ha indicado que los fenómenos meteorológicos extremos se incrementarán en frecuencia y fuerza si no se toman medidas para luchar contra el cambio climático”. El riesgo está presente.

Una mayor frecuencia y severidad de los fenómenos meteorológicos extremos agravaría los impactos del cambio climático

Pero más importante todavía es ser consciente de las consecuencias de estos fenómenos. Los desastres implican cosechas arrasadas, viviendas destruidas o transmisión de enfermedades, entre otras cuestiones. Así lo constata el informe de Oxfam “Extreme weather endangers food security 2010-11: A grim foretaste of future suffering and hunger?”. Este trabajo asegura que diversos fenómenos meteorológicos extremos han favorecido la inseguridad alimentaria “a escala global, regional y local” desde 2010.

Los fenómenos meteorológicos extremos son una amenaza. Se prevé que una mayor frecuencia y severidad de estos agrave los impactos del cambio climático “en el rendimiento de las cosechas y en los precios de los alimentos”, advierte Oxfam, “provocando una escasez de comida, desestabilizando los mercados y precipitando el alza de los precios”. De hecho, sus efectos ya se han visto en el aumento de los precios del trigo, lo que ha puesto en riesgo la seguridad alimentaria “en muchas partes del mundo”.foto_134009_108885_nc

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Volcán Copahue, Chile

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Alta probabilidad de erupción del volcán Copahue

Foto: REUTERS

SANTIAGO, 29 May. (EUROPA PRESS) –

La Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior y Seguridad Pública (ONEMI) de Chile ha advertido que existe una “alta probabilidad” de erupción del volcán Copahue.

Según el último reporte de la entidad, consultado por Europa Press, el informe de Actividad Volcánica (RAV) para la Región del Biobío, indica que la sismicidad registrada en el volcán Copahue durante las últimas 24 horas continúa con una alta intensidad, lo cual sigue relacionado con el ascenso de un cuerpo magmático en la capas someras del macizo.

En este contexto, “existe una alta probabilidad de que la actual situación culmine en un proceso eruptivo”. Por otra parte, a través de las cámaras instaladas alrededor del volcán, no se pudo observar la columna de gases debido a las condiciones meteorológicas imperantes en el lugar.

En el contexto del operativo de evacuación de las comunidades aledañas a 25 kilómetros del volcán, este martes fueron trasladas 80 personas correspondientes a la localidad del Barco y durante este miércoles se espera que aproximadamente 1.200 pobladores continúen con este proceso, de acuerdo a las gestiones realizadas por el Intendente del Biobío.

Para ello se han dispuesto en la zona todos los recursos por parte de la autoridad. Apoyan en estas labores, Ejército, municipios, bajo la coordinación del gobierno regional y con la asesoría de ONEMI.

El Servicio Nacional de Geología y Minería (SERNAGEOMIN) continúa con la vigilancia permanente del volcán en línea y la Dirección Regional de ONEMI mantendrá las coordinaciones con los integrantes del Sistema de Protección Civil para alertar oportunamente y dar adecuada respuesta ante eventuales situaciones de emergencia producto de la condición actual del macizo.827D5A82495693B78758BF6AD104E_h287_w430_m2_q80_cZwvkrCZD

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Argentina, cosechas de soja y maíz

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Lluvias demoran cosechas de soja y maíz en Argentina

La recolección de la soja y el maíz del ciclo 2012/13 avanzaron con lentitud en Argentina en la última semana debido a las abundantes lluvias que cayeron en las principales regiones agrícolas, dijo el viernes el ministerio de Agricultura en su informe semanal de cultivos.

El país es el principal exportador mundial de aceite y harina de soja, y el tercero de maíz, y el Gobierno prevé que la cosecha de la oleaginosa será de 51,3 millones de toneladas y la del cereal de un récord de 25,7 millones de toneladas.

Los cultivos de Argentina fueron afectados por una sequía a inicios de año, lo que recortó sus rendimientos, pero las precipitaciones se normalizaron a partir de la segunda mitad de febrero, atenuando las pérdidas.

Con respecto a la soja, en la delegación de General Madariaga, en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, “el cultivo se encuentra con un elevado porcentaje de humedad lo que generará que la trilla se prolongue y se realice más lentamente que lo esperado”, dijo el Ministerio.

Los lotes de soja sembrados de manera temprana registraban rendimientos por lo general buenos, aunque los que fueron implantados más avanzada la campaña, los más afectados por la falta de agua, obtendrían una productividad más baja, señaló.

Del maíz la cartera agrícola dijo que “prosigue a ritmo lento la cosecha en Salliqueló (en el oeste de Buenos Aires), que a la fecha no alcanzó el 40 por ciento de la superficie destinada a grano, con rindes de alrededor de los 60 quintales (6 toneladas) por hectárea, como promedio para la delegación”. Buenos Aires es el principal distrito agrícola de Argentina.images

Hasta el jueves (fecha de actualización del reporte), los agricultores habían recolectado el 66 por ciento del área cosechable de los 19,1 millones de hectáreas sembrados con soja 2012/13, en un avance intersemanal de 11 puntos porcentuales, pero 1 punto detrás del ritmo del año anterior.

A su vez, los productores habían recolectado el 53 por ciento de la superficie cosechable de los 4,6 millones de hectáreas implantados con maíz, 5 puntos porcentuales más que la semana previa e igualando el ritmo de trilla de la campaña pasada. Según el Gobierno, cerca de 964.000 hectáreas sembradas con maíz 2012/13 no serían trilladas como consecuencia de la sequía de inicios de año.

La Bolsa de Cereales de Buenos Aires estimó la producción de soja argentina 2012/13 en 48,5 millones de toneladas y la de maíz 2012/13 en 24,8 millones de toneladas. A su vez, la Bolsa de Comercio de Rosario calculó las cosechas de la oleaginosa y el cereal de la actual campaña en 48 millones y 25,3 millones de toneladas, respectivamente.soja-y-maiz-2013-04-12-58710

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La amarga historia del azúcar

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Campos de caña de azúcar en Kalasin (Tailandia)

Hubo un tiempo en el que los hombres eran incapaces de sobrevivir al duro invierno. Durante los meses más cálidos, acumulaban frutos y carne, pero nunca conseguían suficiente alimento para pasar la época de frío. La población se veía diezmada en cada estación invernal y los humanos vivían continuamente acechados por la preocupación de la muerte. El Creador vio su sufrimiento y pidió ayuda al espíritu de los bosques, el Arce, para darles una fuente de energía que les permitiera sobrevivir. El Arce ofreció su sangre, dulce y energética, para suplir las carencias de los humanos. Pero obtener el jugo era demasiado fácil y su sabor, demasiado apetitoso: los hombres se volvieron adictos a aquella dulce savia y dejaron de consumir todo lo demás. Abandonaron sus poblados para aferrarse a los troncos de los arces y engordaron tanto que apenas podían moverse. Para revertir esa situación, el Creador decidió dificultar el acceso al dulce néctar: la savia dejaría de fluir de forma constante y los humanos tendrían que esperar hasta el final del invierno para recogerla. Después tendrían que transformarla ellos mismos, primero en sirope, y luego en azúcar. Así apreciarían el regalo que se les había concedido.

Ésta es una de las numerosas leyendas que los indios americanos cuentan sobre el origen del sirope de arce, ese popular líquido que en Norteamérica colocan en postres como las tortitas. El arce es una fuente marginal de azúcar, pero la leyenda sigue siendo una metáfora sobre los usos y abusos de un alimento que, hoy como hace cuatro siglos, arrastra sangre y sacrificio en su origen, y provoca la adicción de los opulentos.

Según se cree, los pueblos originarios de la isla de Nueva Guinea fueron los primeros en domesticar la caña de azúcar, que después pasó al Sudeste asiático: polinesios y asiáticos sólo usaban el jugo de la caña para beberlo. Sólo más tarde, en la India, se descubrió la técnica para convertir el jugo de caña en los dulces cristales con los que hoy nos endulzamos el café. Fue Alejandro Magno quien llevó a Grecia la preciada planta, que comenzó a comerciarse como un producto de lujo, y que se empleaba también por sus propiedades medicinales. A España llegó a través de los árabes y, en su segundo viaje a las Indias, Cristóbal Colón la introdujo en América, donde, en las regiones de climas tropicales, comenzaron a expandirse vastísimos cultivos de la caña, que nunca terminó de crecer bien en los climas templados y fríos de Europa. Sólo mucho después, en el siglo XVIII, los europeos descubrieron las propiedades cristalizadoras del zumo de remolacha, y fue entonces cuando su consumo se generalizó en el continente. Todavía hoy parece un pequeño misterio que el mismo producto pueda extraerse de lugares tan diversos como los altivos tallos de la caña y las raíces de la remolacha.

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Campos de caña de azúcar en Kalasin (Tailandia)

En 2011 se produjeron más de 168 millones de toneladas de azúcar en todo el mundo#; en los países ricos se consumen unos 30 kilos por persona y año#. No son sólo las cucharadas que añadimos al café o los dulces que tomamos: el azúcar está presente en el pan, los lácteos y un sinfín de productos elaborados, salados y dulces, desde las empanadillas hasta los embutidos, pasando por la salsa de tomate. Si ni siquiera tenemos claro qué alimentos contienen azúcar, no hablemos de su origen; y se trata de un alimento básico, demasiado importante como para desconocerlo hasta ese punto. Por eso dedicaremos las próximas páginas a investigar, en toda su extensión, la cadena de producción del azúcar, desde la siembra hasta que llega a nuestras mesas. El trayecto es largo y difícil de trazar, plagado de infamias y sinsentidos propios de un sistema que coloca la tierra, el agua y a los seres humanos al servicio de la acumulación de capital. El relato será, cuando menos, agridulce.

El trabajo más duro del mundo

La primera parte de la cadena de producción es la que está bañada con más sangre. El cultivo de la caña de azúcar, de la que proviene cerca del 80 por ciento del azúcar que se produce a nivel mundial#, una planta propia de climas tropicales, fue, en los años de la conquista y colonización de América del Sur, una pieza fundamental de la economía esclavista que colocó a pueblos y continentes enteros al servicio de las metrópolis ibéricas. Dos siglos después de la abolición legal de la esclavitud, en Brasil, el principal productor y exportador mundial de caña de azúcar, miles de jornaleros trabajan en condiciones análogas a la esclavitud, una situación que se repite en los cañaverales de medio mundo. De hecho, aunque la recogida de caña tiene fama de ser uno de los trabajos más duros que existen, en la mayoría de los casos se sigue realizando de forma manual#: la mano de obra es tan barata que la industria brasileña no tiene incentivos para emprender una mecanización que lleva anunciando desde los años 70, y mucho menos en la India, el segundo mayor productor mundial#, donde las máquinas se utilizan en apenas un 4% de la producción. El resto son jornaleros que golpean con sus machetes los robustos tallos de la caña.

Aunque la mecanización no llega, la productividad en el sector no deja de crecer, vía rebaja salarial. Se ha generalizado el pago a los jornaleros por peso recogido, lo que los obliga a trabajar más horas. A menudo, para llegar a un salario de miseria se requieren jornadas extenuantes: algunas estimaciones calculan que, para cortar una media de 12 toneladas de caña por día, el trabajador ha de caminar ocho kilómetros, dar 130.000 golpes de poda y perder ocho litros de agua#. No extraña entonces que, en muchos casos, los cortadores consuman drogas, como crack y marihuana, para aliviar sus peonadas. Tampoco sorprende que, a los pocos años de trabajar en las plantaciones, desarrollen enfermedades por la dureza del trabajo, la exposición a agrotóxicos y quemas y las nefastas condiciones de higiene y seguridad laboral.

Sangre y sacrificio para conseguir el jugo que se convertirá en dulces cristales, aunque no sólo en cristales. Cada vez un mayor porcentaje de los cultivos de caña –en Brasil, más de la mitad- se dedica a la producción de biocombustibles como el etanol. Aunque este producto se vendió como una alternativa ecológica a la combustión de hidrocarburos, se cuestiona cada vez más que, en un planeta donde mil millones de personas pasan hambre crónica#, se destinen millones de hectáreas a cultivar plantas que llenarán los tanques flex fuel de los automóviles de São Paulo, Los Ángeles o París. Todo ello, en un momento en que la caña se suma al arrollador avance de la soja, así como a la construcción de enormes emprendimientos como las grandes minas a cielo abierto o las centrales eléctricas. En América Latina, de la Amazonia al Cono Sur, las transnacionales de la agroindustria o la minería imponen sus intereses y, con la connivencia de los gobiernos de turno, expulsan a las poblaciones indígenas y campesinas, que en muchos casos se verán abocados a aceptar condiciones de trabajo esclavistas en el campo, o migrarán a las ciudades para engordar las favelas urbanas. La lógica del sistema está atravesada por la necesidad de acumulación de capital constante; y toda acumulación proviene de un despojo. Los indígenas suramericanos del siglo XXI viven, cinco siglos después de la llegada del hombre blanco a sus tierras, una nueva oleada de desalojos que posibilitan la amenaza, la represión y la violencia.

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Una planta egoísta

Una constante se repite a lo largo y ancho del planeta, tanto en las plantaciones de azúcar como en las de soja o maíz: allí donde el agronegocio exportador sustituye al pequeño campesino, se multiplica la devastación social y ambiental. Los pequeños cultivos producen más alimentos y dan trabajo a más campesinos; los monocultivos extensivos son, por definición, perjudiciales para la tierra: empobrecen la población microbiana, el contenido de micronutrientes y la capacidad del suelo para retener el agua. Algunos estudios sostienen que rotar los cultivos con leguminosas, aplicar abonos naturales y reducir la maquinaria aumentaría la productividad en torno al 20 o 30 por ciento#.

Si la caña se cultiva normalmente en grandes extensiones de monocultivo, la remolacha suele sembrarse en campos de menores dimensiones; pero ambas plantas tienen varias cosas en común: las dos son voraces en la absorción de nutrientes, las semillas se compran a grandes empresas –a menudo, transgénicas- y, para conseguir un pleno rendimiento, el agricultor debe aplicar los agroquímicos que fabrican las mismas empresas.

Los grandes monocultivos de caña o soja se asocian a la pérdida de la diversidad de especies; lo cierto es que, desde la Revolución Verde iniciada a mediados del siglo XX, las especies y variedades menos productivas se han dejado de lado. Apenas un dato: el 90% de las calorías que se consumen a nivel mundial proceden de apenas una treintena de variedades#. Pero los monocultivos de una sola variedad dejan campos enteros inermes frente a las plagas; para evitarlas, se hacen cada vez más necesarios pesticidas y herbicidas cada vez más potentes, que acaban con los microbios, pero que también tienen efectos perjudiciales en la población humana. Y, si la toxicidad de los alimentos que consumimos es cada vez más preocupante, no lo es menos la pérdida de biodiversidad de las especies, que hace a los seres humanos cada vez más vulnerables y pone en entredicho la soberanía alimentaria. En muchas regiones del mundo, la privatización de las semillas y las patentes es un debate candente y, para las comunidades campesinas, una batalla definitiva contra un sistema económico que los condena a la marginalidad.

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Los desequilibrios del comercio internacional

Campos de caña de azúcar en Kalasin (Tailandia)

La cadena de producción del azúcar no se resume a la siembra y el cultivo: después de la recogida de los tallos de la caña o de las raíces remolacheras, queda aún un largo camino hasta que el azúcar llegue a nuestra mesa: refinado, envasado, transporte, distribución. El comercio del azúcar es cada vez menos localista y más global, es decir, el azúcar que consumen los seres humanos de todo el planeta cada vez viaja más kilómetros. Esto, además de consecuencias sociales e incluso geopolíticas, supone un alto coste en términos medioambientales, que han abierto un debate en torno a la necesidad de proteger la producción local mediante medidas proteccionistas en cada estado que, además, protejan la soberanía alimentaria de cada país. Frente a estas posiciones, los países del Sur enfatizan la injusticia que supone que los países del Norte, que obligaron al Sur a abrir sus fronteras a las manufacturas europeas y estadounidenses, levanten altos muros para defender su agricultura, el único sector en el que pueden competir muchos países africanos o latinoamericanos.

Mientras los jornaleros brasileños, camboyanos o guatemaltecos experimentan en sus carnes las duras leyes de la competencia del comercio mundial, los agricultores europeos que todavía plantan remolacha lo hacen gracias a los generosos subsidios de una Unión Europea, que no sólo garantiza su mercado imponiendo fuertes tasas al azúcar que llega de fuera, sino que coloca en el mercado exterior su azúcar a un precio muy inferior al de coste (práctica conocida como dumping). Con ello, expulsan del mercado a países que no pueden producir a un coste tan bajo, e introducen volatilidad en un sector que depende más de los subsidios y las cuotas que de la demanda real.

Países como Brasil, Tailandia y Australia han batallado en la Organización Mundial del Comercio (OMC) para poner fin al dumping practicado por una agricultura europea que se debate entre la competencia desleal con los países del Sur y la desaparición. Pese a las resistencias, y en parte gracias a la presión de los países exportadores del Sur –o tal vez por la propia lógica del sistema capitalista-, algunas de estas medidas proteccionistas van cayendo, y desde 2006 los cambios regulatorios en el mercado europeo del azúcar han hecho caer en picado los cultivos de remolacha en países como España, al tiempo que los criterios de eficiencia imponen una mayor concentración al sector. Sin embargo, la liberalización del sector no ha hecho aumentar, por ahora, el precio internacional del azúcar. En cuanto a Estados Unidos, otro importante productor de remolacha, las tareas de la cosecha están reservadas de forma casi exclusiva a los inmigrantes latinoamericanos. Una vez más, del norte de América hasta Camboya, inmigración y explotación laboral van de la mano.

 

¿Demasiado azúcar?

La adicción y la enfermedad llegan al final de la cadena. A los seres humanos nos gusta el azúcar por naturaleza, pues los azúcares son la principal fuente de energía para el consumo inmediato de nuestras células. Además, el organismo humano tiende a habituarse rápidamente al consumo de una determinada cantidad de glucosa, lo que significa que, cuanta más tomemos, más nos pedirá el cuerpo. Como en la leyenda del Arce, los problemas para la salud derivados del consumo de azúcar llegaron con su fácil acceso. Durante siglos, no estuvo al alcance de todos; hoy, el abuso en el consumo de azúcar deriva en enfermedades graves, como la obesidad y la diabetes, cada vez más frecuentes en los países ricos, donde el estilo de vida es cada vez más sedentario.

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Campos de caña de azúcar en Kalasin (Tailandia)

Las campañas publicitarias que promueven el consumo de azúcar se alternan con la propaganda que nos inyecta la afección por lo ‘light’ o ‘diet’. Pese al miedo a engordar generalizado en buena parte de la población, especialmente entre las mujeres, el consumo de azúcar sigue creciendo en el mundo opulento: en España, pasó de los 24 kilos por persona y año en 1987 a los 30 kilos de 2003#. Sin embargo, el consumo de azúcar de mesa –los cristalitos que le colocamos al café o con los que preparamos los postres- disminuyó notablemente. ¿Y entonces? La respuesta está en los hábitos de consumo. La mayoría de los productos elaborados que compramos, dulces o salados, llevan azúcar añadido, desde unas empanadillas hasta una salsa de tomate, pasando por los embutidos. El 75 por ciento# del azúcar que consumimos viene de este tipo de productos, sin duda menos saludables que los alimentos frescos. La mayor parte de las veces, consumimos azúcar sin siquiera saberlo…

 

Las resistencias

Los datos siempre son fríos, pero esta larga cadena, subyugada a la lógica del capital, oculta miles de nombres propios, protagonistas, víctimas y triunfadores. Conoceremos sus historias. Y tampoco será todo amargura: cada vez surgen, también, más alternativas que buscan un menor impacto social y medioambiental, como la miel –que endulzó los paladares europeos hasta la generalización del consumo de azúcar en el siglo XVIII- o la estevia, una planta que muchos aclaman por sus cualidades medicinales y que se puede cultivar en cualquier balcón. Y resistencias de quienes, a lo ancho y largo del mundo, sufren en primera persona los vaivenes del mercado, como los valientes guerreros del Movimiento de los Sin Tierra en Brasil. O quienes, desde latitudes más acomodadas, pelean desde sus pequeños huertos caseros para escapar a la lógica de un sistema donde cada vez es más difícil tener garantías sobre la toxicidad de los alimentos que comemos.

La primera batalla es la de la información. Queremos saber no sólo de dónde viene el azúcar, sino en qué cantidades debemos consumirlo y cuál es la bondad tanto de las alternativas solidarias –el comercio justo está en el punto de mira- como de los sustitutos –ciertos edulcorantes hipocalóricos, como la sacarina, han sido prohibidos en algunos países por sus efectos negativos para la salud-. Queremos conocer cuáles son las perversiones de un sistema que alimenta a los coches antes de las personas, y que, en nombre de la sacrosanta libertad –que a menudo no es sino una carta blanca a la dominación de los grupos de poder-, condena a la miseria y al despojo a millones de campesinos en todo el mundo, obligados a trabajar de sol a sol a cambio de un salario indigno. Un sistema para el que todo es mercancía, desde la tierra a los jornaleros, desde el agua a las semillas. Nada escapa a la lógica de la acumulación de capital y a las voraces leyes de competencia del mercado global.

La producción del azúcar sigue siendo una historia muy amarga. De todos nosotros depende hacerla más dulce.

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