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8 de Marzo

Día Internacional de la Mujer Trabajadora

8 de Marzo

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El 8 de Marzo es una fecha de enorme significado histórico, político y reivindicativo para las mujeres trabajadoras de todo el mundo. En medio de una profunda crisis del capitalismo, llamamos a desarrollar e impulsar la movilización de decenas de miles de mujeres por sus reivindicaciones cada vez más vitales y para que la crisis la paguen los capitalistas.

 

La carestía de la vida; los vínculos familiares de sujeción y violencia; la precarización laboral; los planes de empleo degradantes; la negación del acceso a la salud; la clandestinidad del aborto con su secuela de muerte, mutilación y culpabilización personal; el avance de la esclavitud laboral y de la esclavitud sexual; las reformas del Código Civil, del Comercial y del Código Penal (contrarias a los derechos de las mujeres) constituyen la agenda extraordinaria que nos debe movilizar en esta jornada internacional.

Las reformas de los códigos Civil y Penal, otro ataque

Se encuentra en marcha una reformulación del Código Civil que consagra la precarización laboral y la impunidad del Estado. A partir del ‘principio’ de establecer el inicio de la vida humana “desde la concepción”, dentro y fuera del útero materno, atenta contra la fertilización asistida y contra la investigación científica con embriones y, de paso, coloca un cerco jurídico contra el aborto legal. Este código obtuvo la media sanción del Senado como consecuencia de un acuerdo del gobierno con el clero. La propuesta de reforma del Código Penal -que cuenta con el acuerdo del FAP, del PRO, de la UCR, el Unen y el FpV- mantiene la penalización del aborto. Los derechos de la mujer están sujetos a la decisión del Vaticano.

Aborto legal versus aborto clandestino

En la Argentina se producen 550 mil abortos por año. La tasa de mortalidad de mujeres gestantes es el doble de la de Chile o Uruguay -300 mujeres al año-, por causas mayoritariamente evitables, principalmente por aborto clandestino. Las hospitalizaciones por complicaciones de abortos mal practicados de 80 mil mujeres (según datos parciales del año 2000) no dejan de crecer. Argentina es uno de los pocos países que no logró bajar la mortalidad de mujeres gestantes. El crecimiento del embarazo entre niñas y adolescentes fue de un 15% en diez años. Los ataques sexuales contra las niñas han crecido en forma ininterrumpida, junto al embarazo no deseado.

El registro es absolutamente parcial y deformado, ya que provienen de un gobierno que tomó la determinación política de desvirtuar las cifras para eludir su responsabilidad.

 

Reivindicamos, frente a esta realidad, el aborto legal y gratuito, así como la educación sexual científica en todos los niveles educativos. La explotación capitalista es incompatible con el derecho al embarazo deseado de la mujer, del mismo modo que es un obstáculo insalvable al desarrollo de la individualidad humana. El trabajo precario, la flexibilización laboral, la desocupación y la pobreza creciente son responsables de los abortos forzados o ‘espontáneos’. Al lado del embarazo forzado, el clero ha desarrollado el negocio extraordinario de la adopción infantil. El régimen político vigente es responsable del aumento de los abortos clandestinos, también de la muerte y mutilación de mujeres por esta causa.

 

El embarazo forzado y el aborto clandestino son, ante todo, herramientas de disciplina social. La Iglesia, el bastión reaccionario contra los derechos de la mujer, es -a la vista de todos- una gigantesca mafia de pedofilia, lavado de dinero, estafas y de todos los delitos aberrantes que se puedan imaginar. El ‘Papa argentino’ se ha convertido, de opositor político del kirchnerismo, en el tutor de su política y el recurso último de su supervivencia. El avance clerical, tanto en lo que respecta a las normas como entre los funcionarios que ocupan cargos clave a la cabeza de hospitales o servicios de ginecología, ha sido enorme, tanto en provincias oficialistas como opositoras.

Las consecuencias de esta penetración se vieron, recientemente, en la provincia de Salta, para bloquear el aborto de una niña violada por su padrastro, en la misma línea de casos anteriores. La lucha del movimiento de mujeres, organizaciones de derechos humanos y partidos de izquierda ha sido esencial para derrotar estos atropellos.

 

La lucha por el aborto legal y gratuito desafía al conjunto del orden existente sobre el lugar de la mujer en la sociedad y sus diversas cadenas de disciplina social.

 

La consigna “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir” sintetiza la lucha del movimiento de mujeres contra el régimen precarizador, hambreador, violento y abortista.

Esclavitud sexual y laboral

Frente a este 8 de marzo, tenemos varias razones para ponernos de pie. La trata de personas vino para quedarse. El negocio de la prostitución es una de las principales cajas negras de la policía, que abarca una enorme red de capitales mafiosos y financieros internacionales. El gobierno ha respondido mediante la eliminación hipócrita del rubro 59 de los clasificados, mientras buscaba superar la crisis cambiaria autorizando un blanqueo de capitales -o sea: el lavado de dinero de las mafias. El Estado es responsable, por desidia o complicidad, de la desaparición de mujeres para la esclavitud sexual y laboral. Pocas cosas ilustran esta realidad como las “casas de tolerancia” en la patria chica del oficialismo.

 

A la naturalización de la explotación sexual de las mujeres, cuando se las convierte en “trabajadoras sexuales”, o cuando se convoca a reprimir “la demanda”, oponemos la organización independiente de la mujer por el derecho al trabajo, a la maternidad asegurada por el Estado; por el derecho al aborto legal y gratuito, y a la educación sexual en todos los niveles; contra la violencia social hacia la mujer en todas sus manifestaciones y la fusión de esta organización con las organizaciones obreras y de la juventud por la abolición de la explotación capitalista y la enajenación de la personalidad humana.

 

Organizarnos contra la precarización laboral

Las mujeres ingresamos a esta fase de la crisis del régimen político en su conjunto, en condiciones severamente desventajosas: en el podio de la inserción laboral precaria, ya que el 54% de los trabajadores tercerizados, contratados, vendedores ambulantes, empleadas domésticas, trabajadores por agencia son mujeres. El 70% de las cuadrillas de trabajo de los planes Argentina Trabaja están compuestas por mujeres. Esta vinculación con punteros y jefes de planta de los municipios las colocan en un estado de vulnerabilidad social que excede la cuestión laboral. Los ‘planes’ son un elemento fundamental para deprimir los salarios del conjunto de los trabajadores del sector municipal.

 

Las cláusulas de los convenios que tenían en cuenta el día femenino y otras reivindicaciones de las mujeres nunca se recuperaron, no se hizo nada para eliminar la diferencia salarial y de calificación laboral entre el hombre y la mujer, no se crean jardines maternales -sean públicos o en las empresas. En lo que respecta a las obras sociales, el acceso a la anticoncepción gratuita es desigual y muchas veces está sometido a trámites burocráticos.

 

A las mujeres trabajadoras nos sobran los motivos para salir a marchar este 8 de marzo, acompañando a las trabajadoras y los trabajadores de la fábrica Bolo en su lucha contra los despidos y la falta de pagos, conformando comisiones de mujeres que acompañen las luchas de nuestras familias, impulsando una pelea por nuestros derechos laborales aplastados por las burocracias sindicales, poniendo en pie listas antiburocráticas. La lucha para terminar con la burocracia sindical es una tarea de principal interés para las mujeres, porque los vínculos que ella impulsa entre los trabajadores colocan a la mujer en un lugar subordinado, porque las patotas que reclutan son el claro exponente de la violencia hacia la mujer y porque los reclamos sindicales de las mujeres -como los jardines maternales, el día femenino, la extensión de las licencias por maternidad y paternidad y la colocación de lactarios adecuados- han sido las primeras conquistas entregadas por esta casta parasitaria y traidora de los trabajadores. Salir a las calles con nuestras demandas laborales y colocarlas en el centro de la escena política a fuerza de acción y movilización popular es una gran oportunidad que tenemos de cara al próximo día internacional de la Mujer Trabajadora.

La violencia doméstica es social y política

La violencia doméstica contra las mujeres y los niños tiene una naturaleza social. La familia concentra todas las contradicciones de una sociedad que acentúa la explotación, la exclusión y la humillación. Es, precisamente, el modelo familiar que el clero defiende con fanatismo ilimitado. En oposición a la familia, como un reducto privado, y a la sociedad, dominada por la explotación de la fuerza de trabajo, defendemos la socialización del individuo, donde la realización de cada uno sea la medida de la realización de todos y de la unidad familiar que se determine como producto de esta conquista social. Nuestra lucha es por unir a la familia obrera en torno a sus intereses de clase y en contraposición a la reproducción dentro de ella de escalas de poder de unos sobre otros.

 

Contra todas las promesas del “estado de bienestar”, la mujer no ha conquistado la independencia económica a través de su incorporación al “mercado de trabajo”. Todo lo contrario, la familia trabajadora ha sufrido un retroceso social en su conjunto. La conversión del trabajo estable en trabajo precario, el crecimiento de la desocupación, el encarecimiento de la salud y de la educación, la falta de vivienda y el hacinamiento son el caldo de cultivo de la violencia doméstica.

 

Desde el Estado prima la inacción y el discurso que responsabiliza a la mujer por el hallazgo de la salida a la situación de violencia: “vos tenés que romper el vínculo”, “sacale tarjeta roja”, pero no hay una sola medida de apoyo económico a la mujer divorciada y a sus hijos. Lo irónico es que la asistencia interdisciplinaria a la mujer, casi inexistente, está formada por trabajadoras que viven ellas mismas la violencia institucional del contrato ‘part time’, sin salarios adecuados y sin recursos para la atención.

 

Las mujeres organizadas son la única herramienta para luchar contra la violencia social hacia la mujer y para arrancar al Estado las reivindicaciones que aseguren trabajo, asistencia económica y defensa social -¡bajo el control de las propias organizaciones de la mujer!

 

La exposición de la “violencia de género” encubre la impunidad de la que goza la violencia contra las mujeres por parte de los hijos del poder, desde María Soledad hasta Paulina Lebbos en Tucumán, o el de Tati Piñeyro en Misiones. El 8 de marzo estaremos en la calle con nuestras pancartas y banderas por el juicio y castigo de todos los gobernadores, funcionarios y policías responsables por el secuestro y desaparición de mujeres en todo el país

El día internacional de la Mujer Trabajadora -una jornada que se gestó al calor del reconocimiento por parte de las mujeres socialistas de principios del siglo XX de la necesidad de organizar a la clase trabajadora en pos del programa de lucha y defensa de las mujeres como única posibilidad avanzar en la emancipación social de todas las mujeres- mantiene una vigencia total y forma parte de una de las principales batallas que hoy debemos encarar.

 

La fantasía de avanzar en la lucha por los derechos de las mujeres ignorando el contenido de clase que subyace en la explotación de las mismas y en la violencia contra ellas es simplemente un engaño. El feminismo que no asume una posición revolucionaria y socialista no tiene más salida que concluir en un pacto con los gobiernos de turno, que están empeñados en la defensa de la explotación vigente. El feminismo que fue cooptado por el kirchnerismo no tiene nada que exhibir, lo mismo para aquel de ropaje ‘comunista’, que colabora sistemáticamente con el clero. El feminismo que promueve un capitalismo con “enfoque de género”, que se ampara para ello en conquistas como el matrimonio igualitario, simplemente ignora que esas conquistas no llegan a la inmensa mayoría de los involucrados, ni supera la exclusión que promueve el capitalismo en todos los planos de la realidad. Al final, el feminismo K se ha convertido en una rueda de la propaganda del gobierno de la devaluación y de Chevron. La debacle no puede ser mayor.

 

El próximo 8 de marzo, en todo el país y en el mundo, debemos encabezar una movilización masiva con las mujeres luchadoras de cada gremio, barrio y cada sector estudiantil a la cabeza, plantando con fuerza la independencia del movimiento de mujeres y de la lucha sin concesiones por la educación sexual, el aborto legal, la anticoncepción gratuita, el trabajo en blanco, la vivienda digna, contra los ataques sexuales, la trata de personas, la esclavitud laboral y sexual, organizando en todos lados reuniones, plenarios, charlas, video-debates, que conduzcan a las mujeres a marchar por sus propios intereses.

Por la unidad combativa con el movimiento obrero y el conjunto de los explotados.imagesI1OFLOIB

 

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DÍA MUNDIAL DE LOS DERECHOS HUMANOS

Derechos Humanos

Derechos Humanos

Por: Redacción Quo

Fuente: ONU

La ONU los estableció para cumplir con la libertad, la justicia y la paz en el mundo.

La promoción y protección de los derechos humanos ha sido una de las mayores preocupaciones para las Naciones Unidas desde el 10 de diciembre que se promulgó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

Para que siempre los tengas presentes, te presentamos los 30 derechos humanos.

1.- Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

 

2.- Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

 

3.- Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

 

4.- Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

 

5.- Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

 

6.- Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.

 

7.- Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley.

8.- Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.

 

9.- Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.

 

10.- Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

 

11.- Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.

12.- Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.

 

13.- Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

 

14.- Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.

 

15.- En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.

 

16.- Toda persona tiene derecho a una nacionalidad.

 

17.- Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.

 

18.- Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente.

 

19.- Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

 

20.- Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

 

21.- Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas.

 

22.- Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos.

 

23.- Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

 

24.- Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.

 

25.- Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.

 

26.- Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.

 

27.- Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.

 

28.- Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.

 

29.- Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.

 

30.- Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.

 

 

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DIA DE LA MADRE

frases cortas dia de la madreTus brazos siempre se abrían cuando quería un abrazo. Tu corazón comprendía cuando necesitaba una amiga. Tus ojos tiernos se endurecían cuando me hacía falta una lección. Tu fuerza y tu amor me guiaron, y me dieron alas para volar.

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La amarga historia del azúcar

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Campos de caña de azúcar en Kalasin (Tailandia)

Hubo un tiempo en el que los hombres eran incapaces de sobrevivir al duro invierno. Durante los meses más cálidos, acumulaban frutos y carne, pero nunca conseguían suficiente alimento para pasar la época de frío. La población se veía diezmada en cada estación invernal y los humanos vivían continuamente acechados por la preocupación de la muerte. El Creador vio su sufrimiento y pidió ayuda al espíritu de los bosques, el Arce, para darles una fuente de energía que les permitiera sobrevivir. El Arce ofreció su sangre, dulce y energética, para suplir las carencias de los humanos. Pero obtener el jugo era demasiado fácil y su sabor, demasiado apetitoso: los hombres se volvieron adictos a aquella dulce savia y dejaron de consumir todo lo demás. Abandonaron sus poblados para aferrarse a los troncos de los arces y engordaron tanto que apenas podían moverse. Para revertir esa situación, el Creador decidió dificultar el acceso al dulce néctar: la savia dejaría de fluir de forma constante y los humanos tendrían que esperar hasta el final del invierno para recogerla. Después tendrían que transformarla ellos mismos, primero en sirope, y luego en azúcar. Así apreciarían el regalo que se les había concedido.

Ésta es una de las numerosas leyendas que los indios americanos cuentan sobre el origen del sirope de arce, ese popular líquido que en Norteamérica colocan en postres como las tortitas. El arce es una fuente marginal de azúcar, pero la leyenda sigue siendo una metáfora sobre los usos y abusos de un alimento que, hoy como hace cuatro siglos, arrastra sangre y sacrificio en su origen, y provoca la adicción de los opulentos.

Según se cree, los pueblos originarios de la isla de Nueva Guinea fueron los primeros en domesticar la caña de azúcar, que después pasó al Sudeste asiático: polinesios y asiáticos sólo usaban el jugo de la caña para beberlo. Sólo más tarde, en la India, se descubrió la técnica para convertir el jugo de caña en los dulces cristales con los que hoy nos endulzamos el café. Fue Alejandro Magno quien llevó a Grecia la preciada planta, que comenzó a comerciarse como un producto de lujo, y que se empleaba también por sus propiedades medicinales. A España llegó a través de los árabes y, en su segundo viaje a las Indias, Cristóbal Colón la introdujo en América, donde, en las regiones de climas tropicales, comenzaron a expandirse vastísimos cultivos de la caña, que nunca terminó de crecer bien en los climas templados y fríos de Europa. Sólo mucho después, en el siglo XVIII, los europeos descubrieron las propiedades cristalizadoras del zumo de remolacha, y fue entonces cuando su consumo se generalizó en el continente. Todavía hoy parece un pequeño misterio que el mismo producto pueda extraerse de lugares tan diversos como los altivos tallos de la caña y las raíces de la remolacha.

Campo caña de azucar

Campos de caña de azúcar en Kalasin (Tailandia)

En 2011 se produjeron más de 168 millones de toneladas de azúcar en todo el mundo#; en los países ricos se consumen unos 30 kilos por persona y año#. No son sólo las cucharadas que añadimos al café o los dulces que tomamos: el azúcar está presente en el pan, los lácteos y un sinfín de productos elaborados, salados y dulces, desde las empanadillas hasta los embutidos, pasando por la salsa de tomate. Si ni siquiera tenemos claro qué alimentos contienen azúcar, no hablemos de su origen; y se trata de un alimento básico, demasiado importante como para desconocerlo hasta ese punto. Por eso dedicaremos las próximas páginas a investigar, en toda su extensión, la cadena de producción del azúcar, desde la siembra hasta que llega a nuestras mesas. El trayecto es largo y difícil de trazar, plagado de infamias y sinsentidos propios de un sistema que coloca la tierra, el agua y a los seres humanos al servicio de la acumulación de capital. El relato será, cuando menos, agridulce.

El trabajo más duro del mundo

La primera parte de la cadena de producción es la que está bañada con más sangre. El cultivo de la caña de azúcar, de la que proviene cerca del 80 por ciento del azúcar que se produce a nivel mundial#, una planta propia de climas tropicales, fue, en los años de la conquista y colonización de América del Sur, una pieza fundamental de la economía esclavista que colocó a pueblos y continentes enteros al servicio de las metrópolis ibéricas. Dos siglos después de la abolición legal de la esclavitud, en Brasil, el principal productor y exportador mundial de caña de azúcar, miles de jornaleros trabajan en condiciones análogas a la esclavitud, una situación que se repite en los cañaverales de medio mundo. De hecho, aunque la recogida de caña tiene fama de ser uno de los trabajos más duros que existen, en la mayoría de los casos se sigue realizando de forma manual#: la mano de obra es tan barata que la industria brasileña no tiene incentivos para emprender una mecanización que lleva anunciando desde los años 70, y mucho menos en la India, el segundo mayor productor mundial#, donde las máquinas se utilizan en apenas un 4% de la producción. El resto son jornaleros que golpean con sus machetes los robustos tallos de la caña.

Aunque la mecanización no llega, la productividad en el sector no deja de crecer, vía rebaja salarial. Se ha generalizado el pago a los jornaleros por peso recogido, lo que los obliga a trabajar más horas. A menudo, para llegar a un salario de miseria se requieren jornadas extenuantes: algunas estimaciones calculan que, para cortar una media de 12 toneladas de caña por día, el trabajador ha de caminar ocho kilómetros, dar 130.000 golpes de poda y perder ocho litros de agua#. No extraña entonces que, en muchos casos, los cortadores consuman drogas, como crack y marihuana, para aliviar sus peonadas. Tampoco sorprende que, a los pocos años de trabajar en las plantaciones, desarrollen enfermedades por la dureza del trabajo, la exposición a agrotóxicos y quemas y las nefastas condiciones de higiene y seguridad laboral.

Sangre y sacrificio para conseguir el jugo que se convertirá en dulces cristales, aunque no sólo en cristales. Cada vez un mayor porcentaje de los cultivos de caña –en Brasil, más de la mitad- se dedica a la producción de biocombustibles como el etanol. Aunque este producto se vendió como una alternativa ecológica a la combustión de hidrocarburos, se cuestiona cada vez más que, en un planeta donde mil millones de personas pasan hambre crónica#, se destinen millones de hectáreas a cultivar plantas que llenarán los tanques flex fuel de los automóviles de São Paulo, Los Ángeles o París. Todo ello, en un momento en que la caña se suma al arrollador avance de la soja, así como a la construcción de enormes emprendimientos como las grandes minas a cielo abierto o las centrales eléctricas. En América Latina, de la Amazonia al Cono Sur, las transnacionales de la agroindustria o la minería imponen sus intereses y, con la connivencia de los gobiernos de turno, expulsan a las poblaciones indígenas y campesinas, que en muchos casos se verán abocados a aceptar condiciones de trabajo esclavistas en el campo, o migrarán a las ciudades para engordar las favelas urbanas. La lógica del sistema está atravesada por la necesidad de acumulación de capital constante; y toda acumulación proviene de un despojo. Los indígenas suramericanos del siglo XXI viven, cinco siglos después de la llegada del hombre blanco a sus tierras, una nueva oleada de desalojos que posibilitan la amenaza, la represión y la violencia.

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Una planta egoísta

Una constante se repite a lo largo y ancho del planeta, tanto en las plantaciones de azúcar como en las de soja o maíz: allí donde el agronegocio exportador sustituye al pequeño campesino, se multiplica la devastación social y ambiental. Los pequeños cultivos producen más alimentos y dan trabajo a más campesinos; los monocultivos extensivos son, por definición, perjudiciales para la tierra: empobrecen la población microbiana, el contenido de micronutrientes y la capacidad del suelo para retener el agua. Algunos estudios sostienen que rotar los cultivos con leguminosas, aplicar abonos naturales y reducir la maquinaria aumentaría la productividad en torno al 20 o 30 por ciento#.

Si la caña se cultiva normalmente en grandes extensiones de monocultivo, la remolacha suele sembrarse en campos de menores dimensiones; pero ambas plantas tienen varias cosas en común: las dos son voraces en la absorción de nutrientes, las semillas se compran a grandes empresas –a menudo, transgénicas- y, para conseguir un pleno rendimiento, el agricultor debe aplicar los agroquímicos que fabrican las mismas empresas.

Los grandes monocultivos de caña o soja se asocian a la pérdida de la diversidad de especies; lo cierto es que, desde la Revolución Verde iniciada a mediados del siglo XX, las especies y variedades menos productivas se han dejado de lado. Apenas un dato: el 90% de las calorías que se consumen a nivel mundial proceden de apenas una treintena de variedades#. Pero los monocultivos de una sola variedad dejan campos enteros inermes frente a las plagas; para evitarlas, se hacen cada vez más necesarios pesticidas y herbicidas cada vez más potentes, que acaban con los microbios, pero que también tienen efectos perjudiciales en la población humana. Y, si la toxicidad de los alimentos que consumimos es cada vez más preocupante, no lo es menos la pérdida de biodiversidad de las especies, que hace a los seres humanos cada vez más vulnerables y pone en entredicho la soberanía alimentaria. En muchas regiones del mundo, la privatización de las semillas y las patentes es un debate candente y, para las comunidades campesinas, una batalla definitiva contra un sistema económico que los condena a la marginalidad.

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Los desequilibrios del comercio internacional

Campos de caña de azúcar en Kalasin (Tailandia)

La cadena de producción del azúcar no se resume a la siembra y el cultivo: después de la recogida de los tallos de la caña o de las raíces remolacheras, queda aún un largo camino hasta que el azúcar llegue a nuestra mesa: refinado, envasado, transporte, distribución. El comercio del azúcar es cada vez menos localista y más global, es decir, el azúcar que consumen los seres humanos de todo el planeta cada vez viaja más kilómetros. Esto, además de consecuencias sociales e incluso geopolíticas, supone un alto coste en términos medioambientales, que han abierto un debate en torno a la necesidad de proteger la producción local mediante medidas proteccionistas en cada estado que, además, protejan la soberanía alimentaria de cada país. Frente a estas posiciones, los países del Sur enfatizan la injusticia que supone que los países del Norte, que obligaron al Sur a abrir sus fronteras a las manufacturas europeas y estadounidenses, levanten altos muros para defender su agricultura, el único sector en el que pueden competir muchos países africanos o latinoamericanos.

Mientras los jornaleros brasileños, camboyanos o guatemaltecos experimentan en sus carnes las duras leyes de la competencia del comercio mundial, los agricultores europeos que todavía plantan remolacha lo hacen gracias a los generosos subsidios de una Unión Europea, que no sólo garantiza su mercado imponiendo fuertes tasas al azúcar que llega de fuera, sino que coloca en el mercado exterior su azúcar a un precio muy inferior al de coste (práctica conocida como dumping). Con ello, expulsan del mercado a países que no pueden producir a un coste tan bajo, e introducen volatilidad en un sector que depende más de los subsidios y las cuotas que de la demanda real.

Países como Brasil, Tailandia y Australia han batallado en la Organización Mundial del Comercio (OMC) para poner fin al dumping practicado por una agricultura europea que se debate entre la competencia desleal con los países del Sur y la desaparición. Pese a las resistencias, y en parte gracias a la presión de los países exportadores del Sur –o tal vez por la propia lógica del sistema capitalista-, algunas de estas medidas proteccionistas van cayendo, y desde 2006 los cambios regulatorios en el mercado europeo del azúcar han hecho caer en picado los cultivos de remolacha en países como España, al tiempo que los criterios de eficiencia imponen una mayor concentración al sector. Sin embargo, la liberalización del sector no ha hecho aumentar, por ahora, el precio internacional del azúcar. En cuanto a Estados Unidos, otro importante productor de remolacha, las tareas de la cosecha están reservadas de forma casi exclusiva a los inmigrantes latinoamericanos. Una vez más, del norte de América hasta Camboya, inmigración y explotación laboral van de la mano.

 

¿Demasiado azúcar?

La adicción y la enfermedad llegan al final de la cadena. A los seres humanos nos gusta el azúcar por naturaleza, pues los azúcares son la principal fuente de energía para el consumo inmediato de nuestras células. Además, el organismo humano tiende a habituarse rápidamente al consumo de una determinada cantidad de glucosa, lo que significa que, cuanta más tomemos, más nos pedirá el cuerpo. Como en la leyenda del Arce, los problemas para la salud derivados del consumo de azúcar llegaron con su fácil acceso. Durante siglos, no estuvo al alcance de todos; hoy, el abuso en el consumo de azúcar deriva en enfermedades graves, como la obesidad y la diabetes, cada vez más frecuentes en los países ricos, donde el estilo de vida es cada vez más sedentario.

Azucar

Campos de caña de azúcar en Kalasin (Tailandia)

Las campañas publicitarias que promueven el consumo de azúcar se alternan con la propaganda que nos inyecta la afección por lo ‘light’ o ‘diet’. Pese al miedo a engordar generalizado en buena parte de la población, especialmente entre las mujeres, el consumo de azúcar sigue creciendo en el mundo opulento: en España, pasó de los 24 kilos por persona y año en 1987 a los 30 kilos de 2003#. Sin embargo, el consumo de azúcar de mesa –los cristalitos que le colocamos al café o con los que preparamos los postres- disminuyó notablemente. ¿Y entonces? La respuesta está en los hábitos de consumo. La mayoría de los productos elaborados que compramos, dulces o salados, llevan azúcar añadido, desde unas empanadillas hasta una salsa de tomate, pasando por los embutidos. El 75 por ciento# del azúcar que consumimos viene de este tipo de productos, sin duda menos saludables que los alimentos frescos. La mayor parte de las veces, consumimos azúcar sin siquiera saberlo…

 

Las resistencias

Los datos siempre son fríos, pero esta larga cadena, subyugada a la lógica del capital, oculta miles de nombres propios, protagonistas, víctimas y triunfadores. Conoceremos sus historias. Y tampoco será todo amargura: cada vez surgen, también, más alternativas que buscan un menor impacto social y medioambiental, como la miel –que endulzó los paladares europeos hasta la generalización del consumo de azúcar en el siglo XVIII- o la estevia, una planta que muchos aclaman por sus cualidades medicinales y que se puede cultivar en cualquier balcón. Y resistencias de quienes, a lo ancho y largo del mundo, sufren en primera persona los vaivenes del mercado, como los valientes guerreros del Movimiento de los Sin Tierra en Brasil. O quienes, desde latitudes más acomodadas, pelean desde sus pequeños huertos caseros para escapar a la lógica de un sistema donde cada vez es más difícil tener garantías sobre la toxicidad de los alimentos que comemos.

La primera batalla es la de la información. Queremos saber no sólo de dónde viene el azúcar, sino en qué cantidades debemos consumirlo y cuál es la bondad tanto de las alternativas solidarias –el comercio justo está en el punto de mira- como de los sustitutos –ciertos edulcorantes hipocalóricos, como la sacarina, han sido prohibidos en algunos países por sus efectos negativos para la salud-. Queremos conocer cuáles son las perversiones de un sistema que alimenta a los coches antes de las personas, y que, en nombre de la sacrosanta libertad –que a menudo no es sino una carta blanca a la dominación de los grupos de poder-, condena a la miseria y al despojo a millones de campesinos en todo el mundo, obligados a trabajar de sol a sol a cambio de un salario indigno. Un sistema para el que todo es mercancía, desde la tierra a los jornaleros, desde el agua a las semillas. Nada escapa a la lógica de la acumulación de capital y a las voraces leyes de competencia del mercado global.

La producción del azúcar sigue siendo una historia muy amarga. De todos nosotros depende hacerla más dulce.

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