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LATINOÁMERICA SU HISTORIA

 En tierra Maya
Un viaje a Guatemala exige conocer el mundo maya. Esta civilización dejó una gran aportación que se evidencia en las tradiciones, gastronomía, lenguaje, creencias y vestimenta. Los mayas actuales son el producto del proceso de colonización por parte de los españoles y de la exposición a otras formas de vida, pero sin duda su esencia está muy viva.

Para comprobarlo sólo basta fijarse en que los nombres de muchos de sus pueblos sean vocablos de alguna de las 32 lenguas mayas que se hablan en el país. Incluso en la capital, donde sólo hay un 10% de indígenas, se observa el uso de las vestimentas tradicionales de las diferentes comunidades indias.  Igualmente, la gastronomía sigue siendo a base de maíz, producto de la tierra del cual los mayas pensaban se componía el ser humano.

El contacto con la tradición maya puede tenerse de diversas maneras. Una de ellas es viajando desde la capital por carretera unas tres horas para llegar a Chichicastenango, o lugar de ortigas o zarzas. El escenario capitalino con mucho tráfico y edificios modernos, se queda atrás. Aquí los domingos se vive al ritmo de la convulsión que provoca la gente caminando, gritando y comprando en el gran mercado que les ofrece frutas, verduras, carnes, semillas, artesanía, ropa, zapatos y todo lo que haga falta. Es como el gran día para comprar y hacer negocio.

A un costado del mercado se levanta una estructura blanca con una gran escalinata al frente, es la Iglesia Santo Tomás. Los españoles construyeron este templo católico en 1540 cuando se dieron cuenta de que los mayas visitaban esa colina para adorar a sus dioses.

Más tarde, según dicen,  un sacerdote encontró allí el Popol Vuh, el libro sagrado de los pueblos mayas. Los españoles lograron la conversión al catolicismo de este pueblo, por  una visita al interior de esta iglesia sirve para comprobar que éstos realizan ritos que no se enseñan en la catequesis, como negándose a desprenderse de sus creencias ancestrales.

Durante la misa, que se ofrece en español y quiché, una lengua maya, los indígenas ataviados con sus vestimentas tradicionales entran, se arrodillan frente a unos rectángulos de madera que se levantan unos centímetros del piso para colocar velas formando un cuadrado perfecto.

 Poco a poco las encienden, tiran pétalos sobre ellas y las rocían con alcohol, mientras rezan en su lengua. Cuando los vi pensé que sólo sus dioses, cualesquiera que sean, entendía lo que ellos pedían, pero lo que  sí podía constatar era que sus caras ajadas, como suelen tenerlas aquellos que no han tenido una vida muy cómoda, reflejaban una gran fe.

El hollín que han producido las miles de velas que durante años se han prendido allí cubre la escasa ornamentación, los retablos de madera y las paredes toscas de este templo. El olor a incienso es intenso y comienza a sentirse desde que uno se acerca a las escalinatas, las cuales rememoran la fachada de los antiguos templos mayas. Los mayas creen que es necesario purificarse antes de entrar con este humo que sube al cielo y con rezos. Este templo es único en el mundo y estar allí es un desafío para los sentidos.

Afuera, en los quioscos atendidos por mujeres y niños, los turistas encuentran toda clase de artesanías: tapices bordados a mano, cofres de maderas, chales, collares, santos y nacimientos tallados, carteras y un largo etcétera.
 
Para llegar al Tikal
Para conocer más los orígenes de la civilización maya puedes tomar un avión o hacer un viaje en autobús durante ocho horas hasta Tikal, la ciudad principal del mundo maya en Guatemala.

 Los más aventureros, que prefieran “mochilear”, pueden trazar una ruta que cubra a ésta y a otras ciudades como: Yaxhá, Ceibal, Aguateca, Uaxactún, San Bartolo y El Mirador. En esta última, se encuentra la pirámide maya más grande que se ha descubierto, considerada así por el tamaño de su base.

Aventura natural
En Guatemala la naturaleza cobra protagonismo. Sus 38 volcanes, tres de éstos activos, son uno de sus atractivos principales. Durante mi visita, ascendí al volcán Pacaya o la “Antorcha de América” como se le conoce por sus constantes erupciones, ubicado a  2,500 metros sobre el nivel del mar.

 La subida no fue fácil, caminé durante dos horas casi todo el tiempo monte arriba. Luego corrí jalda abajo, asistida por el guía, por una montaña de ceniza volcánica en la que mis piernas se hundían casi hasta las rodillas. Sobreviví, para entonces trepar por las rocas formadas por la ceniza seca que cubre la falda del volcán.
Tanto esfuerzo   valió la pena porque una vez en el lugar indicado el guía removió las piedras y allí estaba el río de lava. El vapor caliente no permitía que nos acercáramos demasiado ni que tocáramos las rocas. Para alimentarnos después de todo ese ejercicio ensartamos malvaviscos y salchichas en ramas de árboles y las acercamos al fuego para calentarlas. ¡Impresionante! Por fortuna, el guía se apiadó y trazó una ruta más fácil para regresar.

El paseo al Lago Atitlán es más relajado. La inmensidad de este cuerpo de agua  me recordó el mar, pero más hermoso aún, porque la majestuosidad de la secuencia de los volcanes en su entorno le imparte dramatismo al panorama. Son los volcanes  Atitlán, Tolimán y San Pedro. La vista desde el mirador improvisado que está en la carretera en ruta a Panajachel es imponente. 

Una vez en el pequeño pueblo, que vive principalmente del comercio que genera este atractivo turístico,  caminamos  sus calles, comimos en uno de sus restaurantes, paseamos en  lancha por el lago y pasamos  al menos una noche. Era preciso conocer  este ambiente nocturno en el que se entremezclan los locales con los inmigrantes que una vez fueron de visita  pero quedaron tan prendados del lugar que decidieron quedarse en este paraíso.

Guatemala también ofrece diversión en sus playas de las costas Atlántica y Pacífica. También la posibilidad de hacer ‘Water rafting’ por sus ríos, “Campoy tours” por sus bosques, visitas a cuevas y cataratas, actividades de pesca, observación de aves y cabalgatas, esto entre otras muchas excursiones ecoturísticas.

Huella española
El paso de los españoles por Guatemala se hace notar Antigua, la que en 1526 se convirtió en la tercera ciudad capital de los colonos. Los españoles establecieron la primera capital en Iximiche, de donde se mudaron porque no había oro y encontraron mucha resistencia de los indígenas.

La segunda capital estuvo en las faldas del volcán de agua, pero después de dos semanas de lluvias intensas el cráter se llenó y  durante un movimiento de tierra inundó al pueblo.  Otra vez se mudaron, esta vez a Antigua, de donde salieron en 1578 después de dos terremotos devastadores. Finalmente, se instalaron en la actual Ciudad de Guatemala.

Sus calles empedradas, edificios con jardines interiores, iglesias y plazas engalanan la ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1979. El recorrido hay que hacerlo a pie para entrar en cada tienda, bar, iglesia, heladería, restaurante, café o museo que a uno le llame la atención.

Por la noche la ciudad es otra cosa. Los edificios históricos se ilumina resaltando su belleza, y los bares y restaurantes, con una oferta gastronómica muy variada, se llenan para dar paso a una velada espectacular.
Escondido entre las montañas de Antigua, los amantes del golf y de los Resorts a todo lujo tienen un refugio: La Reunión Antigua Golf & Resort. Aprovechando toda la belleza natural que les rodea, diez empresarios guatemaltecos desarrollaron este complejo que se compone de residencias, casa club, campo de golf y un hotel.

Las habitaciones son tipo cabañas de vistosas decoración, piscina privada, un balcón con vista al volcán y baño con jacuzzi, entre otras amenidades. Su restaurante ofrece exquisitos platos que combinan las delicias de la cocina guatemalteca con la internacional. Para conocer más accede: http://www.lareunion.com.gt.

Debes saber
• Cómo llegar: COPA ofrece vuelos desde Puerto Rico a través de Panamá.
• Dónde quedarse: En la capital existen grandes hoteles de cadenas internacionales, como: Crowne Plaza, Intercontinental, Westin, Marriott y Holiday Inn. En otras localidades, son comunes los hoteles más pequeños y hostales.
• Cómo vestir: Es aconsejable llevar un abrigo. Para subir a los volcanes se recomienda usar pantalón largo, zapatos cerrados, bloqueador solar y gorras. En época de lluvia, una capa es muy útil.
• Sobre el clima: La temporada seca es de noviembre a mayo; la lluviosa, de junio a octubre.
• Qué comer y beber: La gastronomía chapina (a los guatemaltecos le dicen chapines) se compone básicamente de tortillas de maíz, arroz, frijoles negros, refrito, aguacate, carne, pollo y amarillos. Tienes que probar la cerveza Gallo y el ron Zacapa.

 

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RÍO USUMACINTA

180px-usumacinta1El Usumacinta nace en los Altos de Guatemala, en Huehuetenango, y se forma de la unión de tres ríos: Chixoy, Lacantun y Pasión: tiene una longitud de 800 kilómetros; 42 por ciento de su recorrido está en territorio guatemalteco, mientras que el 58 por ciento restante corre por Chiapas hasta los pantanos de Tabasco y desemboca uniéndose con el Grijalva, para terminar su recorrido y mezclar su agua dulce con la salada del Golfo de México.

El río propicia diversas actividades económicas que facilitan la supervivencia de las personas, como la pesca, el cultivo, el turismo y el intercambio que se hace a través de las avenidas acuáticas que, en lugar de separar y poner distancia entre las orillas, unen a la comunidad.

El agua del río fluye como el tiempo y la vida, se vuelve laguna y pantano, corre y se estanca. Por fortuna su cauce ha permanecido relativamente aislado de la contaminación, tanto por las características geográficas de la zona en que su ubica como por el respeto que los lacandones le han demostrado con el paso de los siglos. El Usumacinta enfrenta otros peligros, como la deforestación, provocada por la construcción de nuevas carreteras que subdividen no sólo la selva, sino también a las comunidades lacandonas; las construcciones alteran y desvían el cauce natural del río, inundan, afectan y desplazan a las personas de sus comunidades, destruyendo lugares sagrados e históricos, alterando el equilibrio ecológico y causando la muerte de los ecosistemas.

Asimismo, la ganadería, que se practica arbitrariamente sin tener zonas de pastizales limitadas, contribuye con la deforestación de la selva tropical. Los grandes proyectos de hidroeléctricas amenazan y ponen en riesgo la permanencia del río. Es necesario considerar que la destrucción de la selva afecta al ecosistema tanto como al patrimonio cultural de los pueblos indígenas de la región, al poner en peligro los vestigios arqueológicos mayas y afectar a más de 23 comunidades que habitan a las orillas del Usumacinta; pero también es fundamental reconocer la importancia de llevar el progreso a las zonas más alejadas del país.


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